Cambio climático S.A.

Atiborrado de turrón, con unos ascos que no me tengo y, con los canelones de la mama aun decidiendo si bajar o salir por donde entraron, me pongo delante de la edición digital de El País. Resulta que un montón de científicos han decidido acojonarme. No han esperado ni que digiera la viscosa navidad. Que nadie piense que no me gusta, que si, pero aunque te mueras de gusto con eso del espíritu navideño, ¿no me diréis que no tiene un punto de gelatinoso dulzón que empalaga?
A lo que íbamos, resulta que 2500 científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático han garantizado que esto se va a pique. Que nos hundimos, que hace mucho calor, que hay menos nieve, que sube el nivel del mar y que no tiene pinta de mejorar. Lo que no dicen estos señores científicos es que hay otros 2500 ídems que no se han podido organizar en un Panel de esos donde te dopan a base de canapés y te adornan el despacho con diplomas de asistencia a un puto foro internacional de futurólogos catastrofistas, que defienden que en el caso de que se esté produciendo el dichoso calentamiento del planeta se debe exclusivamente a la variabilidad climática terrestre.

Los del canapé y el diploma han logrado que nos acostumbremos al tópico cambio climático como un hecho probado. La prensa intoxica echando la culpa al ser humano como responsable decisivo sobre el clima y de las catástrofes naturales que sin esa intervención no se hubieran producido. Entre esto y que Dios nos está castigando solo hay una fina capa que me aterroriza. No obstante, existe un enorme debate en el estadio científico sobre este tema. Los medios no lo reflejan y prefieren transmitir la variante biopija de que el mundo se acerca a una hecatombe climática por culpa de nuestra desordenada actividad consumista y energética como una verdad absoluta y aceptada por todos los científicos, cuando en realidad es una teoría, una hipótesis con agentes contrarios y con sus aliados.

En el mundillo pro cambio climático culpa del hombre moderno y capitalista, aparte de los biopijos de turno, niños de papa que conducen coches con dos decenas de válvulas, están los ecologistas fanáticos. No te puedes fiar de ellos, porque detrás de sus verborrea, en ocasiones instigadora del delito social revestido de protesta justa, se esconden un enjambre de farsas bien trenzadas y un exceso de efecto pánico. Se encadenan a las nucleares y secuestran petroleros y esperan que la energía que mueve el mundo nos llegue por ciencia infusa. Conozco lideres de organizaciones radicales ecologistas y tengo claro que son fundamentalistas que no aceptan en sus filas a nadie que discrepe con sus apreciaciones y cuyos planteamientos políticos más íntimos rozan la anarquía. De hecho el rollo del cambio climático es una excusa que sirve para intensificar la campaña contra el capitalismo y sus derivados. Esos dirigentes fanáticos eliminan la política y la religión por una dinámica ideológica que si está mal entendida es tan perjudicial como una dictadura: la ecología del miedo.

Por norma no me creo en primera instancia lo que me cuentan los medios de comunicación. Sobretodo cuando tratan predicciones. Por ejemplo, cuando tratan este tema hacen referencia al método para determinar que el calentamiento es evidente y entonces nombran el llamado Modelo General de Circulación. Es un sistema que prima la estadística por encima de la variabilidad. Una paja mental de cuatro especuladores del terror que garantiza el fracaso. El mismo que vivieron los barandas de Greenpeace cuando el pasado verano, intentando demostrar que el calentamiento permitía navegar por todo el Polo Norte, organizaron un crucero por el Ártico. En menos de una semana tuvieron que ser rescatados porque el crecimiento del hielo amenazaba con hundir el Ecotitanic.

Es cierto que este año no nieva. Pero también es cierto que hace menos de dos años la nieve y el frío aislaron a miles de españoles en las carreteras castellanas. Yo me guío por esas cosillas, llámame insensible, pero que quieres que te diga, prefiero ser eso a un pijoprogre que se pasa el día quejándose del cambio climático en Vaqueira Beret.