EL ESPEJO FRANCÉS

Acabo de ver un reportaje siniestro en Tv3. Concretamente trataba de laburbuja inmobiliaria en nuestro país. Para que lo entendiéramos, nos
han enseñado lo caros que están los pisos y los pequeños que son. Luego
se han pagado una semana en Miami el cámara, el productor y un
guionista y han pretendido relacionar el crash americano con lo que nos
pasará a nosotros. La manipulación ha sido tan grande que ha
desvirtuado el verdadero mensaje, el problema real. Aquí no tenemos un
sistema bancario como el americano, no vivimos bajo la presión del
consumo de EUA, este es otro cantar. Nuestro problema económico no será
exclusivo ni  independiente. Vamos a sufrir pero no solo por el dinero.
Nuestro desajuste social tiene un reflejo en nuestro vecino francés. La
actitud de nuestros políticos se aleja de la necesaria para resolver
este conflicto inminente, tal y como está pasando allí.

En Francia los declinólogos como Valery Giscard D’Estaing o Edouard Balladour aseguran que Francia corre el riesgo de hundirse en una crisis que ni la derecha ni la izquierda puedan solucionar. Montegbourg asegura que los franceses “asisten a una sorda y lenta descomposición del sistema político amenazado por el veneno de la desconfianza”. Cualquiera de los tres candidatos principales, Ségolène Royal, Nicolás Sarkozy o François Bayrou sabe que deberán estar dispuestos a practicar la eutanasia a la Quinta Republica para crear la Sexta. El problema al que se enfrentará cualquiera de ellos es que el sistema ideado por el General Charles De Gaulle no prevé ningún mecanismo para un cambio institucional imprescindible en Francia. Sarkozy apuesta por recomponer el papel del Jefe del Estado y convertirlo en un “presidente líder”. Ségolène pretende todo lo contrario, su objetivo es reformar integralmente el modelo institucional. Bayrou opta por un cambio moderado. Su ideario de estado se queda en segundo plano. Primero optaría por poner en marcha sus planteamientos  de economía social de mercado a través de una reforma del sistema de seguridad social. Luego, y si da tiempo, procedería a desenredar las entrañas de la maquinaria política francesa.

Pero, quedan pocas semanas y los galos han decidido tomar las riendas de su futuro. La previsión de que van a ser unos comicios históricos en cuanto a participación alientan a que cualquiera de los candidatos asuma que su papel ha de ser de cambios profundos y de apuestas valientes. La presidenciable socialista simboliza la ruptura y la modernidad, valores que Sarkozy no puede encarnar por su vinculación al poder hierático de Chirac. Bayrou, al parecer, es la viva imagen de la vanguardia, de ese centro tan difícil de territorializar en política, pero tan deseado por todos. Esa tercera vía centrista milita en una aparente modernidad similar a la de Ségolène Royal pero sin errores importantes hasta la fecha. Además su campaña gira alrededor de su blogosfera (www.bayroublog.com) al puro estilo de su adversaria socialista. En octubre la diferencia entre ambos era de 27 puntos. Ahora es de 5. En algunas encuestas incluso es menor. Sarkozy sabe que ante Ségolène puede ganar una segunda vuelta, pero frente a un centrista que podría absorber votos de la izquierda y también de la derecha en una segunda ronda la cosa no estaría tan clara. Francia no ha superado el trauma de ver a Le Pen en aquella segunda vuelta, aunque, sin embargo, sus expectativas electorales están intactas. Sarkozy intentará estos días atajar dos frentes por donde pierde votos. Por la derecha sabe que puede erosionar al Frente Nacional con la perífrasis del voto útil. Por la izquierda intenta evitar un trasvase electoral hacia su ex compañero de partido Bayrou.

En todo caso, y haciendo utilizando a Francia como gigantesco espejo donde deberemos de mirarnos tarde o temprano, lo único que sabemos es que allí, la crisis es una crisis de desaliento, de sensación de inutilidad. Los grandes partidos franceses creyeron que podían enfrentarse con la mayor de las violencias, con mentiras y tragedias sobre la mesa, estaban convencidos que no tendría consecuencias, lo que ahora está en juego es la unidad social de ese país, la integración colectiva de aquellos que ya se sienten desplazados en su propio país. Deberíamos de tomar nota, todos. Dejar la mentira y la violencia partidista y empezar a pensar en como vamos evitar caer en el hoyo que tenemos ante nuestras narices.

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