MEDALLAS DE CARTÓN

Carod Rovira ha sido el encargado de presentar ante el COI unainiciativa para impulsar unos juegos olímpicos de países sin estado. Lo
ha hecho del bracito de Juan Antonio Samaranch, que como todos sabemos
siempre a destacado por su sensibilidad catalanista y por su
comprensión intachable de los nacionalismos ibéricos.

Para ocupar el tiempo muerto que sobrevive entre el yogur y el café propongo reflexionar sobre las acusaciones de Arturo Mas a este innovador gesto del gobierno catalán. Según el líder convergente, unas olimpiadas de países sin estado representa asumir la segunda división como territorio óptimo de reivindicación nacional. No tengo ni idea de si jugar un partidito de balonmano contra Tirol del Sur o disputarse una medalla en los 1500 en un apretado esprint junto al representante de Chechenia y el de Islas Feroe es regodearse en la segunda división, pero lo que si tengo claro, es que me daría vergüenza ajena. La misma, por cierto, que sufrí con lo de que Andorra auspiciara nuestra identidad deportiva internacional.

El sentido del ridículo es una limitación que repercute negativamente en el progreso personal, pero carecer de él te lleva a la frontera del patetismo. Si el que da pena sociológica es el Conseller de la Vicepresidencia de tu país, entonces, se te caen los huevos al suelo y ni con pinzas hay manera de recogerlos. Apuesto por reivindicar de un modo serio ese derecho que tenemos los catalanes a disfrutar y emocionarnos con nuestras selecciones. Para que esto suceda es preciso desenganchar el independentismo del concepto en sí. Personalmente, me gusta y admiro el sistema británico y la convivencia de los dos sentimientos que se yuxtaponen en términos deportivos con respecto a Escocia por ejemplo.

Creo que es un error táctico para el movimiento pro-selecciones el hecho que limitemos nuestro ámbito deportivo a una especie de circo reivindicativo, casi cómico, con la excusa de que es la única manera de llegar a la excelencia internacional. Que Catalunya no vaya a ser estado en un futuro cercano no debería de empujarnos al papanatismo competitivo. La ilusión óptica de creernos algo que no somos, mientras competimos contra Córcega, Transdnitria, Flandes o el Kurdistan nos llevaría a la ceguera colectiva y nos alejaría gravemente del objetivo inicial de toda esta película.

www.marcvidal.cat – Comentarios en la versión catalana