SIN FRENOS

ManippEn términos generales soy poco aficionado, casi abstemio, al fútbol. Megusta el que se practica en Escocia, en concreto soy seguidor del
Celtic por los cánticos y, lo complemento siendo socio del Español,
básicamente por costumbre, puesto que mi mejor amigo de la infancia
tenia un padre que dejaba de comer si los de Sarriá perdían. A fuerza
de verlo infeliz me acabe solidarizando con él. No obstante, este fin
de semana debo reconocer una función social a este deporte, que le
desconocía y que sirvió para entumecer un poco el hematoma colectivo
que supuso la manifestación del PP el pasado sábado.

El fútbol no consiguió anestesiar esa sensación extraña que se te queda después de ver el tinglado que los expertos en mercadotecnia electoral del partido “no organizaron en Madrid.
Que el sociólogo popular Pedro Arriola, desde su aséptico despacho de Génova 13, esté diseñado y planificando toda la estrategia de la crispación en este país, debería de ser constitutivo de delito. Los argumentos de la política han de alimentar las premisas de la inteligencia y no de las bajas pasiones intestinales. El estómago y la política están en contraposición y estos días nuestro sistema digestivo está deglutiendo demasiada política sin precocinar. La política cruda y sin aditivos sirve al populismo, al maniqueísmo sencillo y es ideal para la manipulación. Arriola es astuto y tiene claro que para alcanzar de nuevo el poder es preciso tensar la cuerda al máximo y llegar al nivel de crispación más alto posible. La dirección popular ha estimado que la apuesta del exasesor de Aznar es acertada, puesto que los grandes cambios de tendencia electoral solo se producen si hay un grado de crispación muy alto.  Es el famoso voto en contra, mucho más entusiasta que el voto a favor.

El PP ha pasado de la urticaria a la pancarta a agarrarse a todas las que pasen cerca de su enfermiza manera de ver la gestión pública.  Ahora bien, lo que a mi, especialmente me duele no es que “milecientomillones” de españoles “de bien” acudieran a defender España ante el traidor de Zapatero, o para impedir que se desmiembre irremediablemente, no, a mi eso no me duele, me da miedo, lo que me agota es escuchar a uno de los “moderados”  del PP, a Piqué, a quien considero capaz de entender que esa concentración era un pulso a la democracia falseando la realidad objetiva del pasado y la del presente. Resulta que, según el de Vilanova, la “mani” fue un “ejemplo de democracia y pacifismo”. La democracia no se gana en la calle y el pacifismo no se practica con soflamas violentas. Si este hombre se cree lo que dice, vamos mal, pero no si no se lo cree y lo que hace es un ejercicio de genuflexión vallisoletana, aun es peor. Otra oportunidad perdida para el PP catalán para dejar de ser un cuerpo extraño en la realidad política de Catalunya.

www.marcvidal.cat
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