ATAQUE DE REALISMO

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LabiosbanderaHaber vivido en una buhardilla mal ventilada frente al Centro Georges Pompidou de París no me concede ninguna ventaja a la hora de analizar los comicios de ayer. Al contrario, Francia representa una contradicción emocional que me impide abordar ese análisis con objetividad por lo que sobrevolaré el hecho meramente electoral y me centraré en los aspectos más políticos.

Francia ha sufrido un ataque de realismo. Ha votado con la cabeza el mal menor y se esfumaron las grandes esperanzas por miedo. Sin embargo, el gran acontecimiento de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas ha sido la irrupción del centro representativo del cansancio del electorado ante la incoherencia del eje derecha-izquierda. ¿Pasará algo parecido en España en un futuro próximo? El catálogo final en el que los franceses deben encontrar al futuro rey republicano esta representado por una exministra de segunda categoría que desconfía de la economía de mercado y un ministro de interior que recurre a la marchita reserva espiritual de la Francia eterna. Ségolène se presenta como una reformadora atenta y compasiva y Sarkozy como la personificación de la seguridad con un toque liberal pero preservando el papel del Estado. Lo curioso es que ni Ségolène es totalmente socialista ni Sarkozy es tan liberal como la mayoría de los que lo apoyan. La ventaja de Sarkozy es que es más que Chirac, por lo que puede acometer reformas que el presidente saliente era incapaz de liderar. Ségolène por su contra es menos que Miterrand en altura, competencia y cultura. Esa es una de sus desventajas.

La crisis política y social que ha llevado al 85 % de los franceses ante las urnas deriva de que, en Francia, la iniciativa privada es aplastada por un estado que cree en la razón de su monopolio y  que debe imponerse a la sociedad de la que desconfía. El estado francés deplora la sociedad civil a la que debería servir y concibe la economía como un instrumento para su grandeza. Es de risa pero millones de funcionarios creen representar esa decadente razón de Estado. El resto, los que no son funcionarios, mayoritariamente lo asumen como cierto y por eso Sarkozy y Royal recurrirán a los tópicos y al Estado omnipresente y eterno que gasta 8 euros de cada 10 que ganan los franceses.

Francia ha vivido engañada durante décadas. La primera mentira  la definía como una gran potencia económica sin probabilidades de entrar en crisis porque el Papa Estado lo arreglaría todo y la segunda simulaba que Francia era de izquierdas. Y no lo es porque dentro de la izquierda francesa quedan los resentidos. Los que ven en la Europa de la paz y la prosperidad a un enemigo y solo se fía de un estado que está maniatando a la sociedad francesa. La segunda economía de Europa es la que menos crece por culpa de la deuda pública y el paro. Necesita una reforma a la que los franceses se resisten. En Francia lo que preocupa ya no es la seguridad sino el nivel de vida.

Pero, como decíamos al principio, lo más interesante de la primera ronda fue la irrupción de un verdadero centro. Europa se estaba acostumbrando a tildar de centristas a líderes de la izquierda moderada o de la derecha arrepentida. Era preciso que alguien definiera el centro político como un espacio propio que no precisa de reformar las viejas esencias de los conservadores o de los progresistas. En estas últimas jornadas los socialistas tacharon Bayrou de democratacristiano para intentar restar la sangría de votos que estaban sufriendo en dirección a éste. Ahora el aparato socialista rectificará y volverá a definir al “centrista descentralizador” como lo que es: un democratasocial o un socialliberal autentico. Lo harán puesto que de ese modo aparecerá mucho más cercano a las tesis de Ségolène que a las de Sarkozy. El problema sustancial de los progres de salón que conforman el Partido Socialista francés, es que la mayoría de cargos de la UDF fueron sus enemigos durante su ejercicio político en las filas del partido de Sarkozy. Además, Bayrou es el más europeísta de los candidatos que se presentaron ayer en el preciso instante que Europa vive la crisis de identidad más importante de su historia.  Sarkozy y Royal lo saben y por eso son agnósticos al respecto porque ven en ella una crisis más grave que la propiamente doméstica.

Cualquiera de los dos, cuando gane, y espero que sea Ségolène por que a Sarkozy le votarán los seguidores de Le Pen, se enfrentará a un país donde las reformas son una quimera, unas epopeyas muy complejas. Francia es un estado muy rígido donde los sindicatos son reaccionarios y débiles, donde no hay tradición de dialogo sino de confrontación, donde los políticos temen la calle y donde el pueblo en relación al estado se comporta de un modo infantil con una tendencia a considerarlo el padre protector por un lado y, a la vez, como el padre al que te has de revelar. Confío en Francia y en los franceses porque para algunos, la frase "siempre nos quedará París", tiene un sentido literal.

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