HOLGAZAN POLÍTICO

191712623_170590112b_bNo soporto a quien se siente satisfecho y especial diciendo que es apolítico. Suelen definirse así los que desconocen la gestión pública. Como decia Bertol Brecht "el analfabeto político es un ser peligroso" porque en su desidia se esconde la abstención, y detrás de ella los políticos se permiten controlar con más exactitud las tendencias y usos electorales. El iletrado o palurdo político no oye, no participa ni le interesan lo acontecimientos políticos. Desconoce que el precio de sus gayumbos, de sus zapatos, del vino, de los tratamientos médicos, la cobertura de su teléfono, la velocidad máxima permitida, la urbanización de su plaza, la iluminación de su calle, el coste de su vida y hasta el aire que respira dependen de decisiones políticas.

Este tipo de ignorante político voluntario desconoce que por su culpa existen políticos corruptos, gestores inútiles, presidentes de chiste y concejales indocumentados decidiendo el futuro económico y el plan estratégico de turno de tu pueblo. Se acercan peligrosamente las elecciones municipales. Normalmente arremeto con gusto contra los políticos, sobretodo con el uso de la razón que me otorga haber pertenecido a esa etnia. Nunca nos acordamos de los votantes y los abstencionistas. Ese halo de bondad que se le concede a la masa abstencionista es un disfraz que esconde la holgazanería, el desinterés y la vagancia. El esfuerzo de ir a votar ya es un gesto, pero el importante y decisivo, el que requiere análisis y compromiso, es el de decidir el voto, el de escudriñar las propuestas de los candidatos y la de establecer una pauta electoral que te conduzca irremediablemente ante una urna. No es útil ni inteligente echarle las culpas a los políticos constantemente de ser los responsables de una abstención cada vez más enorme. Su culpa tendrán, pero disimular la pereza con eso de “todos son iguales, luego hacen lo que quieren” es demasiado pueril y en definitiva no deja de ser un insulto a la inteligencia colectiva. Es un derecho obligatorio ir a votar. No es un suceso místico que nos retrotrae de la dictadura, cuando era imposible ejercer el sufragio de un modo libre, no tiene nada que ver. Eso esta manido y es viejo. Ir a votar no debe ser por reacción al pasado, debe ser por convencimiento. Lo grave no es la decisión de no ir a votar, lo peor es que hay quien ni lo decide, vamos, que ni lo piensa y ni se plantea esa posibilidad. Suelen justificarse diciendo que de política no entienden. ¡Vale!, aceptamos barco, pero déjenme que les recomiende algo que si podrán entender: los teletubbies subtitulados.

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