CHAPEAU!

Sarkozy ha ganado las elecciones y aun estando en contra de sus tesis hay que reconocer que su exposición es clara y contundente sobre el nuevo modelo de sociedad que ha defendido. Ha huido de la
ambigüedad, del doble mensaje y los franceses se lo han reconocido. Se
puede participar o no de sus pensamientos pero, sin embudos, ha marcado
una línea en la que define claramente un posicionamiento: se ha acabado
la France en la que los citoyennes no tienen más obligación que tener
un comportamiento cívico y una expresión correcta en la langue
française
y el resto de obligaciones son de la República. Sarkozy ha
venido a decir que eso se ha acabado.

Resulta contradictorio, no obstante, que quien propone ese giro radical
sea alguien que proviene del
propio gobierno que durante la última legislatura no ha logrado ningún
avance. Además, que suerte tuvieron los franceses que pudieron ver a
sus dos
principales líderes políticos debatiendo cara a cara. Aquí se esconden
todos detrás de la nebulosa, el griterío y la navaja. Nuestra clase
política debería de mirar al norte. El 83,97 % es uno de los índices de participación más altos de la historia de la V República y probablemente de Europa. Después de que las presidencias de François Mitterrand (1981-1988) y Jacques Chirac (1988-2007) precipitaran a Francia en una crisis sin precedentes, los franceses han salido de su parálisis. La elección de Nicolás Sarkozy como presidente de la República se consumó ayer en unas condiciones que anuncian un cambio profundo. Exceptuando la traumática elección de Chirac en el 2002 por culpa del indigesto pase a la segunda vuelta del neonazi Le Pen, hay que remontarse a las presidenciales de 1965 (Mitterrand-De Gaulle) para encontrar un presidente de Francia elegido con tal amplitud, lo que le concede una determinante legitimidad.

Ahora empieza una nueva era. Unos pueden estar a favor y otros no lo estamos tanto, pero ser demócrata convencido exige el reconocimiento de la razón mayoritaria. La mayoría ha elegido Sarkozy y ha despertado a la izquierda francesa de su somnolencia. Los valores tradicionales del liberalismo político como trabajo, solidaridad, orgullo e identidad nacional, responsabilidad han trufado el discurso del ganador. Sarkozy no es un teórico como lo fueran lo gestores de la sedición neoconservadora en la década de los 80. No es Reagan, ni Teatcher pero ha sembrado de ilusión a más de la mitad de los franceses artos del país inerte, estático e inmóvil de la izquierda de Mitterrand y de la derecha de Chirac.

La derecha francesa espera alcanzar un espectro electoral similar al que tiene el PP en España. Desde un centro radical hasta la ultraderecha que ayer hizo caso omiso a la recomendación abstencionista de Le Pen. La izquierda francesa está en crisis. Es la tercera gran derrota en una elección presidencial. La izquierda socialista no ha sabido renovarse. El PS debe afrontar con urgencia la gran renovación socialdemócrata que Ségolène no ha sabido estructurar. Ahora ya se puede decir que Dominique Strauss-Kahn era el líder que el centro izquierda francés precisaba. El que fuera rival de Royal representa mejor la reforma del pensamiento socialista desde parámetros valientes y certeros, sin demagogia y discursos sin contenido, con ejemplos y realidades. Francia lo sabía y de ahí el fracaso del PSF.

Mientras tanto, esa misma Francia continúa caminando hacia la salida. El túnel está siendo largo, curvo y oscuro pero de ese tránsito aparecen las novedades que en los próximos años Europa adoptará. Una renovación conservadora, una catarsis de la izquierda, un primer gran retroceso de la ultraderecha, una agonía del comunismo, una participación recuperada de la sociedad y una definición clara del centro que ha apostado por una manera muy seria de hacer política. Francia, aunque no lo parezca a priori, está avanzando el futuro que nos espera. A nivel económico nos muestra una crisis motivada por el paro inmigrante, a nivel social nos garantiza la deriva del modelo occidental amparado en el territorio del bienestar, a nivel político nos ha enseñado el debate de las ideas claras que reniega del politiquismo y de la politiquería partidista y a nivel de líderes nos muestra la talla y el nivel que se le ha de exigir a nuestros gobernantes.