EL BARRIZAL

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Barro
La estrategia de desestabilización política que el Partido Popular ha
esparcido desde que Zapatero duerme en Moncloa
está derivando la
función pública a un auténtico delirio. A nivel planetario, lo que pasa
en este país, es único. Algún día, los libros de ética analizarán este
barrizal como ejemplo de indigencia moral. Es biológicamente
inadmisible que los dos principales partidos de nuestra asombrada
democracia sean incapaces de pactar una política mínima de consenso en
cuestiones básicas como la política antiterrorista.

El chorreo de reproches de trazo grueso que decoran nuestra vida pública a diario está ocultando la política. Hemos pasado del florín mosquetero de los ochenta a la navaja callejera. Son tiempos en que la política es politiqueo y el debate se transforma en un catálogo de insultos ordenados alfabéticamente. Este pobre espectáculo deteriora enormemente el tejido participativo que nuestra democracia aun posee. No es justo que algunos dirigentes populares dediquen el tiempo que pagamos todos a desacreditar por intereses exclusivamente partidistas al gobierno y sus decisiones. Debería de ser delito y estar penado con la cárcel amontonar acusaciones en el trastero de las mentiras como hace Acebes cada día. Cuando esas calumnias aseguran sin pudor que el gobierno colabora con Eta, las dimensiones del estruendo abstencionista pueden ser bíblicas. Solo un grupo de perturbados de ultraderecha son capaces de creer semejante barbaridad y esos son los únicos que galvanizan el voto a favor del PP cuando escuchan todas esas mierdas. Las consecuencias de tanta crispación son incalculables. El deterioro de la convivencia, la división radical de la sociedad y la imposibilidad física de abordar los grandes conflictos de un modo racional se han convertido en los escollos que nos incapacitan para afrontar los grandes retos como país. Los avances históricos de las democracias modernas han precisado de pactos de estado. Nuestro país es mucho más frágil de lo que nos dicen. Los vientos que llegan de Francia son tibios y nos adelantan el olorcillo a tostado que tienen sus barrios periféricos. El despertar a nivel económico que vivirá este país al girar la esquina de 2008, precisará de un gran acuerdo entre los políticos españoles. Un esfuerzo por generar dinámicas en positivo, acometer los retos y derribar barreras que un partido exclusivamente es incapaz de acometer con éxito. La oportunidad de retirar una de esas rocas del camino, el terrorismo, quedará entre las deudas que deberán asumir nuestros herederos porque, de momento, el Partido Popular no tiene ninguna intención de permitir que el presidente del gobierno sea bautizado como Zapatero “el pacificador”.

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