BINOMIOS

En esta vida hay ciertas cosas que van irremediablemente unidas: el
dolor de estómago y el Almax, Paris Hilton y la progresiva pérdida de
fe en el ser humano, la presidencia comarcal del Pp y la incapacidad
política, el título de enseñanza secundaria y la incultura supina, la
televisión local y el aburrimiento, el hombre del tiempo y los mapas,
el deportivo descapotable y el simio que lo conduce, la cuarentena y el
implante de silicona, la Porxada y los niños dando por culo con la
pelota, las elecciones y las obras, el final de las elecciones y el
final de las obras, la ineptitud y la oficina de atención al ciudadano,
Renfe y la vejación y la Fonda Europa y la historia.

También van juntos el acierto y el nuevo entrenador del equipo de fútbol local, los barrios y la falta de servicios, el centro y todos los servicios, la vida y la muerte, el verano y las moscas, la fiesta mayor y el su derroche, la radio local y el silencio, la juventud y la idiotez aguda, la política y las perífrasis, yo y las conclusiones estúpidas, los andaluces y su gracia, los vascos y sus patxis, un nudista y su bicicleta, una advertencia y su amenaza, la política de promoción local y la esterilidad, las mayorías absolutas y la falta de debate, la gestión pública local y el retraso tecnológico, la autocomplacencia y el Mercado del audiovisual, el divorcio y los cuernos, la anorexia y la moda, las entradas de Granollers y el ridículo, el dinero y la felicidad, los relojes y el tiempo, las pesadillas y el insomnio, la amistad y su cuidado, las matemáticas y Pitágoras, Miqui Puig y el ponte el cinturón, las decisiones arbitrarias y el responsable de vía pública, la prensa local y el gasto público selectivo, Internet y el porno y la catalanofobia con la envidia o el desconocimiento.

Los binomios que he enumerado pueden parecer resultado de la generalización, pero la estadística también lo es y nos la tomamos muy en serio. Por ejemplo, sería absurdo decir que los jóvenes son una tribu que solamente piensa en masturbarse, en tenderse en el sofá y en meterse de todo por la nariz. Como también lo sería asegurar que están sanos como manzanas y que todos tienen una habitación dedicada en exclusiva la lectura y a buscar la paz espiritual. Seguramente el término medio sea el idóneo para todas las comparaciones, sin embargo, ¿no has encontrado en tu memoria alguna de estas parejas que te he descrito?. En una ciudad como la mía, las cosas son como son más por la inercia y la voluntad de sus gentes, que por el ejercicio sincero de la responsabilidad política. La historia pasa con desprecio por encima de los políticos mediocres, pero se detiene y abre sus ojos delante de las ciudades distinguidas y especiales como ésta en la que, afortunadamente, vivo.