ESTUPIDOS Y BANDIDOS

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El economista italiano Carlo Cipolla dividió el género humano en
cuatro tipos de personas:
los desgraciados, los inteligentes, los
bandidos y los estúpidos. Un desgraciado es quien se perjudica a sí
mismo beneficiando a los demás. Un individuo inteligente obtiene un
beneficio particular del mismo modo que se lo proporciona al resto. Un
bandido genera beneficios para sí mismo y lo hace perjudicando a los
demás. Finalmente, el estúpido es aquel que causa daños a otros
perjudicándose a la vez a sí mismo. De estúpidos hay por todas partes y
es un error subestimar el número de estúpidos en circulación.
Obviamente no voy a decir que porcentaje de estúpidos hay por cada cien
personas porque sería una estupidez. Las personas estúpidas sufren una
irrefrenable tendencia hacia el comportamiento estúpido en cualquier
actividad de su vida. Se les conoce por perjudicar a su alrededor sin
obtener ninguna bondad por ello.

Estos días de cartapacio y talón devuelto son los más oscuros del municipalismo. Las dedicaciones exclusivas y las parciales definen el racimo de nóminas políticas y sueldetes acordados. A las asignaciones personales que compensarán el abandono de las obligaciones profesionales, cuando en el mejor de los casos las había, habrá que sumar las retorcidas asignaciones de grupo. Es en este territorio en el que se mueve con elegancia el bandido. Algunos gozamos por tener algún bandido “perfecto”, es decir, aquel que mediante su gestión obtiene para sí mismo un beneficio idéntico al coste que origina en los demás. Son los menos malos. Pero habrá otros que no tendrán tanta suerte y durante cuatro años sufrirán el pisotón y el codazo del bandido estúpido. Esta especie de gestor es muy perjudicial, puesto que roba legalmente por designación digital, genera perjuicios sociales y además al final sale pringao del todo. Suelen ser la llave de un gobierno local, acostumbran a nombrar familiares en puestos bien remunerados y suelen leer libros de autoayuda. Por el contrario, los estúpidos del todo, como decía, son capaces de hacerse daño dañando. Traducido a la política local:  sirven para sentar en el trono a un alcalde en minoría sin esperar nada a cambio. Perjudican la decisión popular y como premio se enemistan con medio pueblo sin rascar ni una concejalía de juguete. Estúpidos y bandidos son gente peligrosa cuando alcanzan el poder. Una persona puede entender la lógica de un bandido, pero le cuesta una barbaridad comprender el comportamiento de un estúpido. Por eso estos últimos son los más peligrosos.

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