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comentarios en la versión catalana
Llegué tarde, pero llegué. Infraestructuras deficientes y Calella de la
costa atestada de pubertad remojada en cerveza
. Como en una burbuja,
ajenos a los gritos y cantos etílicos del exterior, un centenar largo
de personas pudimos disfrutar ayer de la presentación del libro de mi
buen amigo Saül Gordillo. En el patio del Museo-Archivo municipal, el
propio autor, escudado por Ramon Tremossa y Vicent Partal, estableció
la diagonal que nos recorre como colectivo virtual de punta a punta y
entre los tres descosieron con cuidado las claves y los entresijos que
condujeron a la consecución histórica del .cat.

Nacio.cat es el primer “largo” del nuevo director de la Agencia Catalana de Noticias. Saül firma un volumen necesario para recordar aquellos que, en su día construyeron un edificio que, visto en el momento de su cimentación, parecía una meta inasumible. Pero se logró. La deuda con quienes cruzaron aquel desierto es enorme y el pago fraccionado empieza con este libro. Gordillo es de los que no dejan nada a deber y por eso en su trabajo va la paga y señal que el resto deberemos de complementar.

En una época en la que nadie sabe hacia donde rema el catalanismo, la marea nos lleva a un destino desconocido. La política catalana está descabezada y desconoce cuales son sus fines. Desde el soberanismo difuso de Mas hasta el socialismo catalán naufragando, no hay ni luz ni guía. Erc que abandonó el independentismo de miting y abraza sin complejos un catalanismo de calçotada, ha enterrado la esperanza de muchos. El tono vital del nacionalismo en Catalunya está bajo mínimos y libros como este ayudan por lo menos a muscular un concepto y a mantener firme una convicción. Ser catalán es mucho más que un dominio cultural concedido por la ICAN, por supuesto, pero esas tres letras saben a gloria para los que hemos dejado de creer en la sinceridad de la clase política actual. Y uno sufre esta abulia al identificarlos como individuos mucho más preocupados en revolcarse en sus propios charcos que en el debate y el análisis. La humillación nacional que vivimos a diario tocó suelo con el anuncio multipartito de concilios de debate interno y de actualización de programas. Eso no es comestible ni con pan “pringao”. Esos encuentros serán convenciones protoelectorales en las que el que se mueva no saldrá en la foto y donde el debate interno servirá para empapelar las paredes porque nadie osará a establecer flujos de opinión critica a tres meses de unas elecciones. Todos no, ERC si que se hará el harakiri público, por tradición fundamentalmente.

El catalanismo vive momentos bajos. Sin embargo ayer en Calella, aunque a costa de una pequeña dosis de maniqueísmo dulzón, pudimos disfrutar unas horas de esperanza. Al finalizar y sin poderme quedar a una cena que prometía, me despido de Ramon,  de Vicent, de Lourdes y su marido, de Daniel y su hermano y de un feliz Saül. Decido volver por la NII porque ayuda a pensar. Acelero donde no hay radares y calculo el coste de la canguro. Pienso en Piqué y en aquella tarde en su despacho de Urgell en la que agotamos los insultos. Pienso en su lugarteniente, el roedor de Vendrell. Pienso en Acebes y su catalanofobia descarada. Pienso en mi mejor amigo, un concejal popular catalanista y de centro del del Baix Llobregat preocupado por ese golpe de timón humillante que ahora asumirá el PP. Pienso en otro buen amigo, en Daniel Sirera que deberá tragar bilis y afrontar el liderazgo de algo en lo que no cree. Pienso en los que ya pueden ir poniendo sus culos en remojo. Y así, pensando llego a casa, y mi pequeño duerme ajeno a la web 2.0, a la nacio.cat, a Piqué y al mundo en general. El tiene preocupaciones mucho más importantes: reír y jugar, aprender a hablar y esperar pacientemente a que le acaben de salir todos sus dientecitos. O sea, las cosas importantes de verdad.