PIROMANOS Y LOCUTORES

CesarvidallosantosVivimos es un mundo en el que los hijos de puta triunfan. El
doctor House y los miembros de la ultraderecha mediàtica española son
claros ejemplos. Los valedores del honor borbónico son los mismos que
cada día llaman despectivamente al tripartito como gobierno
nacionalsocialista catalán. Los mismos que ahora claman a la Audiencia
Nacional por la quema de fotografías, son los que cada mañana y cada tarde, desde la
cadena episcopal
, aseguran que en Catalunya se persigue a los
castellanoparlantes como si fueran judíos en la Alemania nazi.

Como Saül Gordillo, soy de los que piensan que los ciudadanos tienen el derecho de injuriar a la monarquía en el sano ejercicio de la crítica y de la libertad de expresión. La deriva que convierte en acción política, el adelanto consciente de las fallas, quemando el ninot de la Zarzuela, me parece poco efectivo. Ahora bien, que cada uno haga lo que quiera mientras no agreda físicamente a nadie. No seré yo quien abogue, tampoco, por cerrarles la bocaza a los apóstoles unionistas de la Cope. Que cada uno diga lo que quiera, aunque mi deseo es que la boca se les llene de estiércol y se atraganten con sus propias inmundicias semánticas. Aunque la diferencia es notable: por un lado los pirómanos no buscan hacer pedagogía, sino simplemente mostrar su disconformidad, aunque lo hagan del peor modo posible y de la manera más inmadura que conozco. Pero, sin embargo, los que arremeten conscientemente y bajo un paraguas intelectual sólido contra Catalunya y contra sus derechos históricos, lo hacen con un criterio propagandístico y partidista clarísimo. El objetivo es crispar sociológicamente y, a través de la falsedad más burda, generar un clima de opinión de rechazo hacia lo catalán, alimentando la catalanofobia en la mayor medida posible.

Lo más patético de todo es ver como el stablishment político y periodístico que clamó al cielo por el secuestro de El Jueves, ahora callan como ratas. La sociopolítica española sigue siendo cortesana y muy cobarde, puesto que emana de una transición tramposa basada en la figura de Juan Carlos de Borbón y en el laureado Adolfo Suárez. Un pacto de silencio que nos ha impedido conocer nuestra propia historia. El Borbón logró imponer la consigna de que había que mirar al futuro y perdonar el pasado, obligando a silenciar los hechos que salpicaron cuarenta años de una dictadura nauseabunda donde convivía una represión salvaje, con el crimen de estado y la corrupción institucional. Y es que la Constitución Española es un barrizal inconcluso donde se exige rendir pleitesía y trato de alteza a un grupo de individuos que disfrutan de privilegios consanguíneos en pleno siglo XXI. Da un poquito de repelús todo junto.

[más comentarios en la versión en catalán]