TE LLAMAN DESDE BIRMANIA

Phonebirmano_2Una represión brutal contra cualquier indicio de oposición somete la antigua Birmania a una situación desesperante. La violación sistemática de los derechos humanos y el reclutamiento obligatorio de civiles para realizar trabajos forzosos en plantaciones de opio ha sido denunciada por decenas de organismos y asociaciones de todo el mundo. La Unión de Myanmar está gobernada por una Junta Militar que, tras negarse a reconocer los resultados de las elecciones de 1990, secuestró la democracia y de un modo brutal. Aung San Suu Kyi, premio nobel de la paz vive bajo arresto domiciliario en su casa desde 2003 por oponerse al régimen del General Than Shew.

Desde hace pocos días, miles de monjes budistas se han echado a la
calle en contra de la Junta Militar. En un primer momento pretendía ser
una protesta de trabajadores y estudiantes en contra de los aumentos
desmesurados del precio del petróleo, pero se ha ido transformando en
un grito desesperado de todo un país sometido a un gobierno despótico,
cruel, ilegal y represivo que dura ya cuatro décadas. ¿Dónde está la comunidad internacional?,
¿y esos líderes que dedican millones de dólares y miles de soldados
para restituir democracias y derechos civiles?, ¿qué pasa con los
analistas internacionales que callan como ratas? ¿por qué no sujetan
ninguna pancarta  los actores y actrices?, ¿donde están aquellos
escudos humanos tan efectistas en Bagdad?, ¿Por qué cuesta encontrar
blogs, editoriales y portadas que denuncien el asesinato sistemático de
manifestantes?, ¿Por qué solo Nacho Escolar
trae a portada de papel la represión sangrienta? y ¿tendrá algo que ver
que Birmania es el principal cliente de China?. Ni políticos, ni
“intelectuales” están por este rincón del planeta que
ya tiene dueño y está a meses de organizar unas olimpiadas. No es
momento para juergas ni meriendas.

Los monjes birmanos quieren acabar con la opresión que sufre su pueblo
porque desean retornar su afecto y ayuda cotidiana. Es preciso saber
que en los monasterios de Myanmar hay unos quinientos mil monjes ya que
todo birmano es monje un par de veces en la vida. Algunos no dejan de
serlo y se quedan a vivir para siempre. Es un hecho que todas las
familias tienen algún miembro que es monje y vive en el monasterio más
cercano. Los monjes son muy pobres, puesto que al ordenarse solo les
dan un juego de tres togas, una cuchilla de afeitar, una taza, un
paraguas y un cuenco para pedir limosna. Recorren las calles de los
pueblos y las aldeas con su inseparable cuenco negro colgando del
cuello y un paraguas en la mano para protegerles del sol o de la
lluvia. La mayoría sólo recibe arroz, aunque algunos tienen la suerte
de conseguir algo de carne. La mayoría de monasterios son también
escuelas, y los monjes, los encargados de enseñar a los niños. A las
cinco de la tarde, y al acabar de cenar, los monjes se retiran a rezar
y dormir en sus cámaras. No molestan a nadie. A pesar de su pobreza
viven felices puesto que se nutren de ayudar a los demás en la medida
de sus posibilidades: con la enseñanza, la medicina y la oración. Ahora
se manifiestan en las calles gritando ¡libertad y democracia!. ¿Qué no
los oís?

Fotografia de Dave Nitsche