EL AVE LLEGA DE CULO

Ayer, incluso la cadena de radio Rac1 tuvo que abandonar su escaleta habitual y ofrecer información puntual de la situación caótica en la que se encontraba sumida la franja sur del área metropolitana de Barcelona. Parecía un parte de guerra. Durante horas, decenas de capítulos de humillación colectiva y de vergüenza insoportable se acumularon en un desayuno indigesto para todo un país. Hace meses, casi años, que nos empequeñecemos como usuarios, como unidades de una sociedad resignada a sufrir por culpa de unos gestores públicos insevibles, inútiles pardos de la visa oro y el coche oficial e ineptos rendidos al populismo de atril. Ni la orgía de improperios improvisados en la escalerilla de algún autocar por parte de decenas de futuros abstencionistas parece que vaya a cambiar nada. Este es un país capaz de reunir 12.000 personas en el Palau Sant Jordi para reclamar el retorno de los papeles de Salamanca, pero incapaz de organizarse contra esta ignominia.

Desde Madrid, para un catalán que se toma el café en un urna de cristal en plena Castellana, esto se ve con algo de humor estomacal y algo de sana envidia. Las obras de la M30 de la capital de España fueron mucho más sofisticadas que las del TGV catalán y el caos en los servicios públicos no fue ni la sombra de estos. ¿Nos prestan a Gallardón unos días?, igual nos da suerte y no se viene a bajo nada más.

Ahora pasan factura los errores del pasado:

  1. El Psoe de la primera legislatura de Felipe González estimó como modelo de movilidad aumentar las carreteras y rebajar el transporte ferroviario como sucedía en el modelo americano.
  2. Cuatro años después rectificaba e iniciaba una imponente revisión del trazado de la vía férrea en todo el territorio.
  3. Se establece prioritario el eje de alta velocidad Sevilla-Madrid y se obvia interesadamente la conexión con Europa vía Barcelona.
  4. Durante la tercera y cuarta legislatura socialista el nivel de inversión en las infraestructuras de Catalunya es inferior al peso específico que tiene en el conjunto del país.
  5. La llegada de Aznar no solo no soluciona nada, sino que lo empeora puesto que la obra central en el ámbito público sería el Ave Madrid-Barcelona, abandonando cualquier otra inversión importante en modernización o mantenimiento de la red de conexiones viarias catalanas.
  6. La gestión de aquel proyecto la hubiera llevado con mayor eficacia mi hijo de dos años.
  7. El desastre en la ejecución, los plazos y resultados finales por tramos se convirtieron en la vacuna que mantiene anestesiado al usuario medio catalán.
  8. No me olvido de nadie, puesto que también sería exigible una revisión de la utilidad de ser clave en la gobernabilidad de España, como lo fue CiU en diversas ocasiones, si al final no repercute lo más mínimo en la adecuación de los servicios públicos de Catalunya.
  9. Treinta años de apoyos intermitentes del nacionalismo catalán no han evitado este desastre monumental.

Por cierto, se me atraganta la vida cuando escucho a todo el mundo decir cosas sensatas en lugar de buscar soluciones o de introducir elementos que crítica real. El miedo a aceptar la evidencia cuando todo está pasando tan cerca de las elecciones es mayúsculo. Nadie dimitirá, dudo que haya ceses. Sin embargo estoy convencido que el Psoe esté pediendo la mayoría absoluta en pleno cinturón rojo, en territorio amigo.  El error estratégico de Zapatero, de pensar que los catalanes olvidarán esta mierda a cambio de un Ave de juguete que llegará de culo, le saldrá muy caro.