EN DEFENSA PROPIA

Si ser monárquico ya es difícil de por sí, imagino lo complejo que deber ser mantenerse cuando es el propio Rey quien defiende la monarquía con un discurso leído. Lo peor es como lo hace. Con obviedades y una regla de tres simple y que se me antoja de una escasez preocupante. Su alteza nos informó ayer de que “la libertad y la convivencia han proporcionado el período más largo de estabilidad conocido”, y que como en ese período “el régimen ha sido la monarquía”, la conclusión forzosa e indiscutible es que “la monarquía parlamentaria fomenta la libertad y la convivencia”. Digo yo, ¿sin rey es posible fomentar la libertad y la convivencia? En muchos estados así es, luego, y puestos a conclusiones parvularias, “el rey no es imprescindible para fomentar la libertad y la convivencia”. El debate es otro, y a otro nivel.