FRANKFURT.CAT

Hoy abre la Feria de Frankfurt, el mercado de los derechos editoriales más antiguo e importante del mundo. La cultura catalana es la invitada de honor. Desde que se hiciera oficial el reto propuesto a las instituciones y editoriales catalanas, el camino ha sido largo y retorcido. Más de cien autores y otros setecientos profesionales y agentes vinculados de un modo u otro con lo catalán se han desplazado a la capital cultural alemana, con permiso del nuevo Berlín.

El catalán es la lengua más importante del mundo que no dispone de un
estado que la proteja y la cuide. La cultura catalana convive con un
sistemático ataque por parte del nacionalismo español en todos los
frentes, ya sea voluntario desde algunos ámbitos mediáticos o
involuntario desde la propia convivencia cívica en la calle. En
Alemania hay más facultades donde se puede estudiar catalán que,
exceptuando Catalunya, en el resto del Estado español. En Munich se
puede estudiar filología catalana, pero en Valladolid no. El interés
por salvaguardar la cultura y la lengua catalana, o cualquiera de las
lenguas diferentes al castellano que existen y sobreviven en el
territorio español, es nula por parte de sus instituciones. Es por eso
que la Generalitat ha procurado 12 millones de euros para esta cita y
su proyección exterior.

La crítica fácil a que sólo se han propuesto escritores en lengua
catalana es parvularia. Está claro que si hubieran invitado a la
cultura española nadie se habría acordado de llevar al Jaume Cabré, o
al gallego Francisco Xavier Alcalá Navarro o al vasco Kirmen Uribe.
¿Por qué al invitar a la cultura catalana se insistió que la comisión
final debía estar compuesta por autores catalanes que escribieran en
catalán y en castellano por igual? ¿Por qué no se ha pedido también que
los escritores que viven en Catalunya pero que escriben en inglés o
francés sean invitados? ¿Por qué si invitasen a la cultura flamenca o
escocesa sólo servirían platos escritos en gaélico o flamenco?

La lengua catalana no tan sólo no tiene un estado que la respalde, sino
que el gobierno autonómico valenciano la considera un idioma
extranjero. El debate es viejo y cansino pero es una lastima que las
instituciones valencianas no puedan tener la presencia normalizada que
merecerían por ser parte del territorio donde se habla el catalán, y lo
peor es que esto sucede por un miserable interés partidista que se
aleja de la realidad y el sentimiento de muchísimas personas.

Finalmente, dos quejas: en primer lugar quiero remarcar que es una pena
que la representación de la literatura 2.0, de la escritura poética
electrónica haya sido olvidada. Hay cyberescritores que le conceden a
la lengua catalana y a su difusión mucho más crédito que la mayoría de
esos viajeros de moda.  En segundo lugar, la presencia catalana en la
Feria llega sin un dibujo claro de cual es el mapa real de la nueva
escena literaria catalana y se queda en un paso intermedio con el
reflejo de un estereotipo tristón y conocido del escritor catalán de
siempre. La buena noticia es que no va Salvador Sostres, creo.