LA REALIDAD ELEGIDA

El escritor André Breton no combatió en la primera guerra mundial. Trabajó como interno en el hospital psiquiátrico de Saint-Dizier, tratando a las víctimas de la neurosis de guerra. En los años que estuvo tratando aquellos enfermos, ningún caso le marcó tanto como el de un paciente joven, culto, a quien la guerra de trincheras le había provocado una delirante ilusión de invulnerabilidad que le llevó a inventarse un mundo paralelo para sí solo. Durante un ataque brutal del enemigo, el hombre se quedó quieto, de pieen la barricada de una trinchera, señalando con el dedo índice las
explosiones, con la absoluta tranquilidad de quien se sabe inmune,
creyendo que los cadáveres eran maniquíes; las heridas, maquillaje
dramático y teatral; los proyectiles, cartuchos de fogueo; y toda la
batalla, la guerra en definitiva, una farsa representada por actores.
Ni una sola bala le rozó, y no hubo ningún argumento que fuera capaz de
convencerlo, nadie pudo demostrarle que la guerra era real. Bretón
pensó que aquel loco representaba la relación entre el hombre y su
realidad elegida.

A la espera de que el presidente Zapatero comparezca para dar explicaciones respecto al cataclismo ferroviario que vive Catalunya, la ministra de Fomento vive su particular guerra imaginaria. Magdalena Álvarez ha empezado a lanzar balones fuera, primero culpando a la empresa adjudicataria de todos los males, luego, incluso insinuando un boicot de la propia compañía y ahora negándose a dimitir, porque eso sería, en su opinión, de cobardes.

Resulta inaceptable que un responsable gubernamental trate de evadir sus responsabilidades. Por supuesto que la dimisión no solucionaría nada a corto plazo, el nombramiento de un ministro interino tampoco, pero estamos hablando, incluso, de la estética de la política.

Cuando Zapatero acuda al Congreso de los Diputados para dar la cara, cosa que el anterior presidente no hizo cuando esta obra pública recorría territorio aragonés y los agujeros aparecían a diario, no sólo debería de dar explicaciones sobre lo que sucede en el área metropolitana de Barcelona, sino que también debería de acompañarlo con el cese de la ministra que vive su propia realidad elegida.