CATALANISMO DE DISEÑO

MasLlegué tarde. Mi despacho está muy cerca pero me confié. Aun así pude seguir casi al completo, gracias a las pantallas dispuestas por todos los pasillos del recinto, el tan esperado discurso de refundación catalanista de Artur Mas. Quiero excusarme hacia el resto de bloggers que allí se encontraban por no haber buscado el lugar donde estaban ubicados. Por primera vez, que yo sepa, se acreditaron a los bloggers como miembros de prensa. Pero, mi presencia fue voluntariamente anónima. No quería intoxicarme ni de populismo, ni de triunfalismos de pan frito, sino que deseaba escuchar atentamente y digerir pausadamente el acto. Un acto que como elemento integrador de diferentes sensibilidades, no logró avanzar ni un milímetro. La asistencia fue unánimemente convergente. Las excepciones, apenas un par de decenas, estaban por puro compromiso ético.

Que Mas es el mejor político catalán actualmente no es descubrir nada nuevo. Que le falta literatura, reflexión, artículos y algún libro, también es cierto, sobretodo cuando él mismo se equipara a Almirall o a Macià en materia de historicismo catalanista. Su deriva hacia las nuevas tecnologías y vías telemáticas es un acierto pero debe ir acompañada de un complemento de fondo. Ser el artífice de la manida refundación del catalanismo requiere recorrido, contenido y teórica que supere la mera experiencia electoral. Pero Mas estuvo bien en términos generales porque incorporó elementos desconocidos y estableció un camino claro de superación nacional. Fue valiente en algunas fases de su intervención. Dejó de lado aspectos de tinte excesivamente electoral y supo concretar en que consiste su apuesta catalanista. En su opinión, ser catalanista no es tanto aspirar a un autogobierno etéreo y desconocido sino en procurar una Catalunya Excelente, un país global y puntero. Para ello, dijo, es probable que sobre España, pero no necesariamente. Aseguró que ya no es labor de los catalanes hacer pedagogía con respecto a lo que somos y significamos, respecto a lo que damos y lo que no recibimos, según él, y coincido plenamente, ha llegado el momento de ser firmes y destacar que ahora, debe ser el resto del Estado el que apueste claramente por un modelo plurinacional en el que Catalunya pueda sentirse cómoda y no al contrario. Si eso es apostar por la soberanía, la independencia, el estado asociado o el autonomismo extremo, no es lo importante, puesto que no es un fin en si mismo, sino una consecuencia que depende más de España que de Catalunya. Dejar claro que ser catalanista no debería de significar ser antiespañol es fundamental, pero que ser españolista actualmente incorpora un destacado fragmento de anticatalanismo es una obviedad.

Mas supone que Catalunya es plural. Lo sabe y tiene claro el enorme riesgo que ayer asumió. Si la Catalunya real no lo entendió, si la sociedad catalana en su mayoría vio un líder radical, posicionándose en la franja limítrofe del independentismo, entonces, primero, no se explicó bien, y segundo habrá perdido masa electoral. Como los políticos, incluso los que van de buena fe como Mas, dependen de los resultados electorales, no se puede desligar un cierto interés partidario por catalizar en votos el acto de ayer. Al contrario de lo que muchos creen, que Artur Mas no abandonara una ambigua semántica sobre si su interés por la segregación, es un acierto. Los catalanistas conforman un cuerpo complejo en el que caben, de momento, los que se sienten independentistas y los que no lo son. En CiU tampoco es uniforme esa militancia, ni en su electorado. ¿Por qué debería de haber guillotinado un espíritu de centralidad social con su discurso ideológico? ¿Acaso era preciso?, yo creo que no.

Necesario, en mi opinión, y lo que escribí horas antes, era una hoja de ruta, un camino claro con recorrido diáfano, con criterio y que reafirmara su apuesta por conducir ese tren. El voluntarismo ingenuo que temí antes de ir, se difuminó cuando desgranó el proceso por el cual pretende desencajar la cuña del Constitucional. Abandonó la épica y bajo a la arena. Borró la semántica bífida y concretó medidas jugándosela. El delirio en el que el Tribunal Constitucional, totalmente desprestigiado, nos tiene sumidos, puede ser el detonante de un proceso nacional irreversible según Mas. Pienso igual aunque no se si devolver a los catalanes el Estatut manoseado por los magistrados partidistas del TC será el inicio de ese nuevo período en el que los pudiéramos estar a punto de ingresar. Ciertamente no me desagrada el catalanismo de diseño, como en la empresa y en la vida, el diseño aporta más soluciones y agradables sensaciones que caracteres negativos, eso si, suele ser más caro.

La verdad, no sé, lo mejor de la noche fue la cena que me brindé con Mireia en pleno barrio del Born, en el magnífico Senyor Parellada.