EL SILENCIO DE LOS CORDEROS

La advertencia que ayer lanzó Joaquín Almunia sobre el futuro de la economía española no aparece en ninguna portada de la prensa nacional. Según el comisario de Asuntos Económicos y Financieros de la Unión Europea, la crisis financiera se notará más en España por la "estimable" deuda exterior. Su diagnostico establece que, dado el nivel de endeudamiento de los hogares y sobretodo de las empresas españolas, si el crédito continúa endureciéndose y la crisis de las subprime no se supera, nuestro país va a sufrir doblemente. Seguramente no aporta novedades, nada que no sepamos, pero sin embargo lo destacable es el cambio de discurso. Es la primera valoración en ese sentido, ya que desde la Comisión Europea, hasta ahora, todas habían sido coincidentes en lo contrario, que no hay riesgo en España, que no hay crisis hipotecaria y que no debe haber problemas en casa.

Los medios esconden entre su hojarasca económica la primera versión alarmista de Joaquín Almunia, ocultan el primer diagnostico en la dirección contraria a la hasta ahora oficial. Se sigue viviendo en la espesa bruma del viaje al Nueva York del dólar barato, se mantiene la extraña sensación de un poder adquisitivo alto, gracias al salto al vacío del crédito al consumo y se vive a interés variable para cubrir una cesta navideña totalmente desmedida. Mientras, la bolsa vive en su particular microcosmos y disfruta de su egocentrismo habitual de final de año. Aquí todo sigue igual, sin mesura, rellenando restaurantes a toque de VISA, embutiendo armarios compulsivamente y borrando de nuestra memoria colectiva el aumento persistente y constante del paro.

Hay quien defiende que España vive inmersa en la inercia inevitable de un crecimiento inaudito que nos salvará de cualquier crisis. No lo creo. El crecimiento económico español dispone de muchos puntos oscuros. Uno de ellos es el aumento continuo del déficit exterior, que se traduce en un constante incremento de la necesidad de financiación de la economía española en el mercado internacional. En 2004 alcanzó los 80.000 millones, cuatro veces más que en 2000. Otros factores son la dependencia de un sector en recesión y la despedida definitiva de los fondos de cohesión.

El aviso del responsable económico europeo es importantísimo, no por la novedad, que no lo es, sino por ser la primera vez que se acepta públicamente, y bajo las premisas objetivas de la aritmética, que si la crisis hipotecaria mundial continúa puede tener repercusiones muy graves para España. Pues la crisis continúa y nadie lo planta en portada.

La crisis continúa y lo hace a nivel internacional. Pronto descubriremos que nos afecta más de lo previsto. La crisis afectó y afecta al primer banco suizo, UBS, que anunció el lunes una nueva depreciación de activos de 6.800 millones de euros. Todo ese capital está relacionado con los créditos inmobiliarios de alto riesgo en Estados Unidos. La entidad calcula que registrará pérdidas en el cuarto trimestre del año en lugar del beneficio global anticipado y advirtió de que los resultados del año también podrían ser negativos. La noticia no es buena aunque podría haber sido peor. Este lunes, UBS tomó medidas inmediatas para fortalecer su capital en unos 11.700 millones de euros y llamó al rescate a dos inversores extranjeros. Uno de ellos es la agencia de inversiones del Gobierno de Singapur, que suscribirá casi 10.000 millones de dólares en obligaciones convertibles. El segundo es un inversor "estratégico en Oriente Medio" cuyo nombre no se conoce pero estaría basado en Abu Dhabi y que asumirá el resto. De momento, tranquilidad, pero el susto continúa porque la situación en el mercado de la vivienda y del crédito hipotecario de riesgo en Estados Unidos no deja de empeorar y las entidades relacionadas actualizan constantemente sus cálculos de pérdidas según los precios de referencia. UBS, para situarnos, poseía en el tercer trimestre 39.000 millones de dólares en el subprime y no pudo escapar a la pérdida de valor de los títulos vinculados con los créditos hipotecarios de riesgo. La reacción en cadena que ya conocemos no hizo más que empeorar la situación. Hoy en día se desconoce el alcance real, sólo sabemos que hay países muy mal posicionados de cara a una crisis planetaria. España es uno de ellos.