KOSOVO Y CATALUNYA

El secretario de Relaciones Internacionales del Partido Popular, Jorge Moragas, el mismo que aseguró que los millones de españoles que se manifestaron contra la guerra de Irak lo hicieron por intereses espurios, advierte que la independencia de Kosovo será el espejo en que querrán mirarse los socios nacionalistas del Gobierno. En un intento de mezclarlo todo y de remover la mierda, el PP relaciona una situación muy compleja en términos de herencia política yugoslava, con la realidad plurinacional que se vive en España.

Estamos de acuerdo que el mapa de Europa no es un puzzle que se pueda cambiar de manera recurrente, pero el uso del tema es malintencionado. El manoseo interesado de la geopolítica es un recurso que el PP ha llevado a cabo muchas veces. Lo hizo anteriormente y lo seguirá haciendo pues considera al electorado la audiencia idónea para su juego maniqueo de presentar a los buenos y los malos separados por una línea patética. No es momento de recordar todas las herramientas oxidadas con las que el PP poda la sociopolítica española, ni tampoco de enumerar las consignas que canturrean en las concentraciones protofascistas a las que asisten cada cierto tiempo con una excusa u otra. Seguramente no es preciso, pero tampoco sobra denunciar la utilización miserable que desde la cofradía genovesa se hace de cualquier elemento de confrontación, por muy excéntrico que éste sea.

Kosovo queda lejos y cerca. Lejos porque es un escenario político y étnico diametralmente distinto al nuestro. Cerca porque el debate identitario y nacional se lleva a cabo en el marco de la Europa de los pueblos. Desear que las naciones sin estado puedan autogestionarse ejerciendo su derecho a decidir libremente su futuro, es un gesto de respeto democrático y de modernidad ideológica. La independencia no es sinónimo de conflicto o de receso. Empujar en dirección opuesta es una de las características del fundamentalismo unionista que obvia las realidades diversas.

Respeto a los que consideran que España es Una e Indivisible, están en su derecho, pero desprecio a los que utilizan el miedo y el reduccionismo intelectual para crear relaciones pueriles entre lo que pasa en los Balcanes y, por ejemplo, el catalanismo democrático.

Publicado originalmente en ElPlural.com