OBAMA Y EL PRIMER ASALTO EN IOWA

BarakBarack Obama está lejos de lograrlo. Las primarias demócratas parecen sentenciadas antes de su inicio. Hillary Clinton se perfila como la presidenciable de los del burro, aunque no está claro contra quien se disputará el honor relajarse en el despacho oval. Sin embargo, Obama sigue aportando síntesis y contenido a la campaña de un nivel muy superior al de sus adversarios. Lo hace hablando en cada uno de sus intervenciones públicas, lo logra víricamente gracias a una buena estrategia en la red y lo alcanza espectacularmente escribiendo con su último libro “La audacia de la esperanza”.

En su libro, Obama defiende una política para los agotados del sistema, basada en la
participación de todos, en la nobleza esencial y en la aceptación del
hecho de que nuestro concepto de democracia debe revisarse
urgentemente. Vencer el partidismo mezquino y superar el divisionismo
cómo instrumentos para afrontar problemas crecientes a nivel económico,
raciales y religiosos. El libro es ameno y fácil de leer, pero no por ello deja de aportar una
buena dosis de metapolítica y un buen catálogo de conexiones
ideológicas de enorme calado. La particular forma de ver la política
por parte de Barack Obama nos conecta irremediablemente hacia un
impulso por el consenso político radicalmente optimista. Aconsejo
fragmentos en los que se define un cristiano escéptico y un estudioso
de la naturaleza humana porque cree que en la historia humanista están
las claves para transformar nuestra sociedad en algo mucho mejor.

Sus opciones son escasas aunque puede convertirse en un buen candidato
a la vicepresidencia si los estados del sur no apuestan en exceso por
John Edwards. En breve lo sabremos, pero de momento, el
aperitivo nos lo concederán los apenas 3 millones de habitantes del
estado de Iowa, que serán el próximo jueves día 3 de enero, los primeros
en posicionarse al respecto. La celebración del primero de los asaltos
en la carrera presidencial pretende enmarcarse en una dinámica de
previsión que difícilmente podrá aportar. Sin embargo el detalle de que
sea el pistoletazo de salida y que la forma de elección parte de los
llamados caucus demócratas. De un modo casi tribal los que pretenden
influir en la elección del candidato del Partido Demócrata se reúnen
los delegados y según el apoyo con el que gocen en ese preciso momento
se van resolviendo los resultados. Les aseguro que presenciar un caucus
es algo espectacular. Los participantes se reparten en un espacio
cerrado ocupando diferentes posiciones según el apoyo que den a un
candidato o a otro. Incluso los que no lo tienen claro, los indecisos,
tienen su propio dominio. En media hora todos intentan convencer a
todos, como en un jurado. Tras la soberana discusión, se vuelve al
conteo de apoyos para cada candidato. Aquí subyace uno de los momentos
más complejos: los candidatos que superen un margen superior al 15%
continúan en liza. Cabe destacar que ese porcentaje no es fijo y puede
adaptarse según las necesidades. Una nueva tanda de debates de 30
minutos y el dictamen será oportunamente comunicado al partido. Cabe destacar que el ganador de las primarias de Iowa en las últimas
ediciones, Clinton, Gore y Kerry, fueron los candidatos definitivos a
la presidencia de los Estados Unidos de America. Parece que la exprimera dama ganará y probablemente se volverá a cumplir la profecía de Iowa.

Un detalle más, no obstante, sobre el precandidato más interesante. Barack Obama, un liberal norteamericano, o sea un
hombre de centro-izquierda, dice en su libro: “mientras veía cómo
Cristina traducía mis palabras al español [para sus padres], comprendí
de nuevo que América no tiene nada que temer de estos recién llegados,
que ellos han venido por los mismos motivos que otras familias vinieron
hace ciento cincuenta años -todos aquellos que escaparon de las
hambrunas y la estricta jerarquía social de Europa, todos aquellos que
puede que no tuvieran los documentos adecuados ni los contactos
necesarios ni habilidades únicas que ofrecer, pero que trajeron con
ellos una fe inagotable en una mejor vida
". ¿No les recorre un helado
calambre por la espalda cuando miran hacia ese enorme espejo?