COMBATE NULO (I)

Al parecer, y según las encuestas de todas las televisiones, Zapatero ha ganado con claridad. La verdad es que empiezo a pensar que los sondeos a tiempo real sobre los cara a cara reflejan más la verdadera intención de voto final, que no tanto una opinión objetiva de lo que ha dado de sí el debate en cuestión. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta, en un ejercicio de objetividad, que Zapatero no ha logrado derrotar a Rajoy. Tampoco, probablemente el líder popular ha aplastado al presidente del gobierno. Pero el hecho es que al primero le bastaba un empate e incluso una derrota a los puntos, mientras que al segundo sólo le valía noquear del contrario.

Los dos lo sabían y así tuvimos un monólogo a dos caras sin demasiado juego. Un Zapatero plácido, tranquilo que encajaba bien algunos uppercouts directos al hígado, logró llegar al final del combate en condiciones aceptables y en franca crecida. Rajoy, sin embargo, agotado de dar golpes sin resultado efectivo, acabó sus intervenciones con un discurso naïf (con una niña de protagonista) que deslució todo su catálogo anterior de insultos más o menos certeros.

Rajoy rozó la mala educación y eso le recortará gravemente su espacio vital durante el segundo debate. Zapatero lo detectó pronto, en el primer bloque y por eso freno sus ataques. Sabe que en el próximo debate deberá de llevar la iniciativa en todo momento puesto que jugará la partida con las fichas negras. Será él quien deberá baila en el ring alrededor de su oponente. Rajoy, en teoría y gracias a que intervendrá siempre el último, se situará en el centro del cuadrilatero a verlas venir. Zapatero no podrá golpear al aire ya que no habrá tercer debate. En el caso de que Zapatero se haya reservado, está por ver la capacidad de Rajoy para encajar un castigo cómo el que hoy ha recibido el presidente. Una paliza que no se ha evidenciado en el resultado final, puesto que no ha sabido tumbarle en el momento preciso.

Cómo los buenos boxeadores, Zapatero ha ido recuperando su forma y componiendo una nueva defensa, basada en el “uno dos, uno dos” de aquel que espera el golpe, lo esquiva y golpea sin demasiada fuerza, pero colocado a las zonas que más castigan. Al final el efecto se acumula y el que tenía la victoría en sus manos acaba pareciendo el derrotado en un combate nulo. A Zapatero le vale como victoria un empate. Por eso los sondeos le dan ganador. La impresión final es la que cuenta.

Por otro lado, el síndrome aquel que garantizaba que "Zapatero ganará sin dificultades porqué es mucho mejor" se ha disipado por desgracia para Rajoy. Ahora todo el mundo esperará un Rajoy capaz de derrotar contundentemente con las piezas buenas, acabando los bloques, a un Zapatero que ya no resulta inexpugnable. ¿Se imaginan que Zapatero ha jugado, hábilmente, este debate a doble vuelta y Rajoy no?