LA INFLACION COMO SALVAVIDAS

Al parecer la recaudación por IVA se mantiene en niveles aceptables, no así la que se interviene en los ingresos por Impuestos de Sociedades por ejemplo. Estamos en un punto en el que con una menor facturación empresarial el ingreso por IVA se mantiene en su nivel razonable seguramente por el factor de la inflación. Aun vendiendo menos, los precios suben, se factura menos pero se ingresa más IVA. Es evidente que la inflación mantiene la fortaleza de la recaudación por el impuesto que grava el valor de las cosas. Este dato podría confirmar que la reducción de ingresos vía impuestos cada vez es más contundente, hasta el punto que para mantener un nivel de cobro adeudado, el hecho de que la inflación esté sobrevalorando algunas facturaciones empresariales, resulta ser imprescindible. ¿Habíamos hablado de estanflación?

En esto que las declaraciones formuladas desde la propia Agencia el pasado diciembre valoraban positivamente la recaudación derivada de este propio impuesto. Ahora el discurso cambia y se admite que el aumento de los precios ha conseguido que la recaudación del IVA “no se vea afectada por la desaceleración de la actividad”.  La conclusión es un callejón sin salida. Cómo el IVA es un tributo ligado al consumo, mientras los españoles continúen gastando, los avances de recaudación se mantendrán al igual que la inflación, que a su vez garantizará los ingresos del fisco, importantísimo si tenemos en cuenta que los impuestos directos están cayendo en picado.

Los dos escenarios previsibles en este tablero de impuestos y precios son:

  1. Los precios suben y el consumo baja, por lo que los ingresos tributarios en materia de IVA se mantienen gracias a ese juego perverso entre uno y otro coeficiente. Esta opción es la que se está produciendo hoy en día, sin embargo a la larga ese menor consumo provocará menor crecimiento y en consecuencia aumento de paro. La temida estanflación aplicada a la fiscalidad es criminal
  2. Los tipos de interés bajan y con ellos aumenta el consumo. Los precios suben aún más de lo previsto y la productividad y las exportaciones se desploman. Aumentan los ingresos fiscales puntualmente y se desinflan en poco tiempo. Los precios y el consumo crecen inversamente. El crecimiento se resiente y aumenta el paro. Los precios vuelven a ser la garantía de ingresos. De nuevo aparece la estanflación.