LOS PROPIOS EXCESOS

La esperanza de miles de trabajadores de la construcción, que ven como sus expectativas de trabajo para los próximos meses o años se reduce a cero, es que las próximas elecciones cambien la tendencia y que esta situación que ellos interpretan de “incertidumbre” se traduzca en una nueva y espectacular reactivación del sector. Cada uno se engaña del modo que más oportuno considere. Hace medio año que no para de crecer el número de almas en pena querecorren las obras en busca de un nuevo contrato. La facilidad del
pasado para encontrar trabajo, para cambiar de empresa, compañeros y
empleo se ha esfumado. Los más afortunados, aquellos que están
considerados como los mejores en sus especialidades, son una minoría
que los empresarios aguantan en nómina esperando ese cambio de
tendencia sectorial.

Muchos trabajadores de la construcción no intuyeron esta situación y ahora están desesperados. El miedo al paro de momento no es acuciante, lo será cuando los subsidios se vayan cumplimentando y se acerque el momento de dejar de cobrarlos sin disponer de un nuevo empleo. Los obreros parecen poco conscientes de la situación y algunos se dan de alta como autónomos esperando así lograr algún empleo de tipo doméstico o de reformas más modestas. Desconocen que, incluso en el ámbito más concreto, la crisis empequeñecerá esa opción.

Las grandes compañías están emigrando a Marruecos, Polonia, Brasil, la zona francófona del África subsahariana, los antiguos países del este y en menor medida a los Emiratos Árabes. En esos nuevos mercados las constructoras medianas y grandes depositan su esperanza para sobrevivir durante los próximos cuatro años. Se llevan a los oficiales y técnicos y contratan peones autóctonos. Es un espejismo para una minoría que debe estar dispuesta a cambiar de aires, abandonar costumbres y convertirse en emigrantes temporeros. Se habla poco de esta nueva situación, pero existe cada vez más.

Respecto a los inmigrantes que mayoritariamente estaban ocupados en la construcción, sabemos que recorren polígonos y parques industriales en busca de trabajo, a cualquier precio y condición. Este es el problema añadido y que, cuando el trabajo escasee, será motivo de tensiones sociales que los políticos, irresponsablemente no hacen más que azuzar. Vamos a vivir una situación extremadamente difícil y que nos plantará delante de nuestras narices las incoherencias y el dramático destino por no hacer las cosas bien. Miles de inmigrantes cobrando el paro en España a la vez que miles de emigrantes españoles trabajarán en otros países. Pronto, las frases excesivamente gruesas serán contraproducentes, sin embargo los discursos simplistas irán calando poco a poco en una sociedad muy permeable a culpabilizar al prójimo de sus propios excesos.