A LAS PUERTAS DEL INFIERNO

En los últimos tiempos las noticias negativas se encadenan las unas con las otras y cada vez tienen peor color. A la espera del regalito que nos prometió Strauss-Khan para la semana que viene, la última nota al respecto es la previsión de crecimiento mundial que ha publicado la OCDE, el cual será nulo para los Estados Unidos y para la zona euro, ya que en ninguno de los casos, en 2008 superarán el 0,5%. Simplificando, que estas indicaciones no hacen más que certificar una crisis más grave y de mayor duración de lo que se está descontando en la actualidad. El mercado interbancario sigue paralizado por la desconfianza y sigue contagiando todos los sectores. Aun nadie sabe el alcance real de esta situación y las previsiones de sus consecuencias a largo plazo no cesan de empeorar informe tras informe. Pero, ¿en que fase de transferencia doméstica se encuentra el virus?

Los ciudadanos siguen malgastando y exteriorizando un nivel de vida que parece no sufrir todavía del estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria. Muchos incautos piensan que con ellos no va, que no les puede afectar demasiado si su puesto de trabajo está medianamente garantizado, que eso les ocurrre a otros. Es el viejo teorema: desaceleración es cuando las estadisticas hablan de nuevos parados, crisis cuando tu vecino se queda en paro y recesión cuando eres tú mismo quien pierde el empleo. Estamos en la fase inicial de transferencia pero en menos de 6 meses rozaremos la siguiente. Mientras tanto seguimos viviendo de un modo onírico, jugando a los dados de un modo infantil y derrochador. Para entender el asunto, recomiendo a los que no creen poder estar afectados por esta situación que vayan a su entidad financiera de referencia y pidan una refinanciación de su deuda para afrontar alguna nueva adquisición de muebles de marca, preparar las vacaciones de verano o aumentar las pulgadas del plasma base a una garantía hipotecaria. Tendrán, en el 90% de los casos una sorpresa poco agradable.

Hoy ya no se puede afrontar ese tipo de consumo basado en el crédito ya que se ha secado. Ejemplifiquemos un caso típico y que se empieza a extender: supongamos que en 2008 vencen algunos “asuntillos” financieros que no pueden demorarse. Por ejemplo el plan de pago aplazado del Audi o del BMW vence ya. ¿Quién iba a pensar hace tres años cuando nos garantizaban el importe global de la última letra del coche con el valor del mismo que no íbamos a tener líquido para cubrirlo? El optimista tipo de hace tres años ahora vive a las puertas del infierno. Su coche se lo queda la financiera del concesionario, él no tiene liquidez para la entrada de uno nuevo, el banco no refinancia hipotecas ni ejecuta nuevas tasaciones. Queda la opción de disponer de otro de la misma marca aumentando las mensualidades y ampliando la distancia entre lo que se tiene y lo que se debe. Lo mismo ocurre con aquellas vacaciones que se resolvían con la superposición de créditos de garantía hipotecaria, la ropa de marca con créditos al consumo, el nuevo mobiliario, la secadora, el colegio privado del pequeño, los fines de semana en el apartamento en venta que no se vende, etc. Ahora toca ir en tren, leer mucho y vivir en melancolía aquellos tiempos que van a tardar en volver. Cada vez está más cerca.

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