HEMORRAGIA INMOBILIARIA

La situación del sector inmobiliario se está convirtiendo en una auténtica carnicería. A nuestros oídos llegan las quiebras más sonadas, las que tienen como protagonistas a empresas medianas. Sin embargo, las pequeñas también están cayendo como moscas. No hay espacio para la refinanciación y las entidades bancarias han abandonado a los pequeños promotores a su suerte. Esos pequeños empresarios inmobiliarios, en cuanto logran un crédito para promocionar, se lanzan sin examinar viabilidades ni detalles. Es el único método que algunos están encontrando para mantener el negocio abierto. Tirando de hipoteca para la construcción esperan que el mercado se arregle en los próximos 18 meses. Si no es así y se cumplen esas expectativas, la bola será aun mayor. Es una evidencia que las licencias de obras se han reducido a la mitad, pero lo que parece una locura es que aun se mantengan en ese porcentaje. Con la que está cayendo y más de 20.000 licencias fueron concedidas en enero de 2008. ¿Son unos suicidas los promotores españoles? Posiblemente, aunque lo más seguro sea que ante las dos opciones; seguir aumentando el pasivo o cerrar, unos cuantos miles aun están optando por engordar el cerdo.

Y la clase política sigue con sus juegos malabares y su palabrería endogámica que no interesa para nada. Si la mesa del congreso la preside uno u otra importa una mierda cuando de lo que hablamos es de taponar la herida. Ya no hablo de curar, ni de poner remedio a una hemorragia sino de cuidados paliativos. Las cifras de paro no van a crecer como nos están advirtiendo hace un par de meses algunos indicadores. El aumento de desocupados será menor precisamente por ese escenario virtual de promociones en pleno callejón sin salida. Ahora tengo mucho más claro algo que predije hace un año. El momento más duro del proceso recesivo que vivimos será en 2009 y 2010. En esos dos años se reproducirán todos los virus que la economía española estuvo incubando y que ahora se perciben en forma de resfriado. Un resfriado que ya sabemos que está siendo mal curado y como todas las gripes mal atendidas, la nuestra se acabará transformando en una pulmonía de proporciones bíblicas.

Es posible que mucha gente aun no vea las proporciones del desajuste porque no vive a diario la realidad empresarial y económica vinculada a estos sectores fundamentales. Es muy probable que algunos escépticos consideren las predicciones catastróficas, de palabrería pesimista, pero por desgracia esta verborrea terrible no hace más que certificar aquello que hasta hace unos meses nos advertían sólo desde el Deutsche Bank, el Kommerzbank, el Financial Times, el Daily Telegraph y una decena mal contada de bloggers y foristas españoles. Ahora que se descompone el motor económico ibérico y que, incluso el gobierno maneja informes que hablan del 1,8% de crecimiento a final de año, todavía nadie reconoce el escenario real. Desde las entidades de revisión financiera germanas se nos dijo, y nadie atendió, que el crecimiento español dependía de la construcción y de los fondos de cohesión europeos, totalizando más de 1,5 puntos del total. Nadie hizo caso, sólo los agoreros.

Se está perdiendo un tiempo precioso, llevamos más de medio año paralizados. Este país estuvo meses pendiente de unos comicios y ahora de la formación de gobierno. Seis meses pendientes de una delirante y absurda escenificación de la inutilidad más absoluta. ¿A que esperan? Seguramente no hay ninguna idea brillante y lo que se está construyendo en Moncloa es un bunker etimológico para soportar durante un par de años la tempestad, confiando en que amaine al final de la legislatura.

En todo caso, y mientras todo eso se va sucediendo en el tiempo, otro grupo inmobiliario ha caído. Ahora el grupo Lábaro ha presentado el concurso voluntario de acreedores en el cuarto de lo mercantil de Madrid. Una deuda de 700 millones y 87 empresas sin cobrar y condenadas a muerte. El efecto dominó a parte de ser un bonito entretenimiento holandés también es un desastroso ejemplo de cómo la economía está interconectada y de que manera puede desplomarse en cadena.

Desde que la valenciana Llanera se plantase en el juzgado con su propio concurso de acreedores, muchas le han acompañado en la lista. Aun recuerdo las ruedas de prensa de aquellos días por parte de los empresarios del sector y de algunos políticos garantizando que era un caso concreto y aislado. Dos meses más tarde Habitat admitía que sus libros contables eran una bomba de relojería. Dijeron que no ingresaban suficiente para pagar los 1586 millones de deuda y lograron una refinanciación poco antes de las elecciones gracias a la presión política. El precio fue muy alto para la promotora y en estos momentos los antiguos dirigentes no controlan nada, los trabajadores han ido a la calle en masa y la compañía no para de venderse el patrimonio para pagar la deuda de los bancos que ahora la gestionan. Con otras pasa algo similar. Los antiguos responsables de Colonial perdieron el control en manos de los propios acreedores. Me temo que lo que va a pasar es muy simple. Poco a poco los que no cobraban, ahora que mandan, se irán vendiendo el patrimonio de Colonial hasta llegar al 15% de FCC. Si hacen caja se retiran y todos tan contentos, una empresa con un mal paso y unos bancos con sus créditos cubiertos. Otros como Cosmani lo tienen peor pues su incapacidad para pagar sus deudas puede ser más estructural.

Otras empresas que han sufrido la humillación de ir al juzgado de lo mercantil más cercano a comunicar su incapacidad para pagar son: el Grupo Ereaga, formado por 18 sociedades con unas deudas de 160 millones de euros, Marbar que dejó a 300 compradores de sus promociones con las viviendas embargadas antes de poder escriturarlas y por consiguiente con sus anticipos perdidos, Contsa, el grupo andaluz centrado en la actividad inversora inmobiliaria que ha dejado en la estacada a 1.000 pequeños ahorradores convertidos en inversores bajo rendimiento mínimo garantizado, el grupo Jale que deben 300 millones y no pueden pagarlos, Nozar que ha intentado entrar en este “selecto” club de morosos pero el juez, de momento, se lo ha impedido, Seop, que con una deuda de 200 millones se convirtió en la primera constructora en suspender pagos tras las elecciones de marzo, Grupo Sánchez que con sede en Manresa acumula deudas de 97 millones de euros, Prasi, que tras declararse en suspensión de pagos, admite que la sociedad ya no tiene actividad y Encoval, otra constructora valenciana que presentó el pasado viernes el concurso voluntario de acreedores con 950 viviendas fase de obra.

La hemorragia continúa y otras muchas parece que pueden incrementar la lista. Algunas como Detinsa están sufriendo los suyo para refinanciar su deuda. La empresa que está atacando la obra civil en Seseña está en una situación gravísima a la espera de poder renegociar sus deudas. Hay otras en situación similar, es sólo cuestión de tiempo. Pero, como todo en esta vida, y a todo esto, la buena noticia para aquellas compañías saneadas que estén dispuestas a quitarles el muerto de encima a las entidades bancarias, les aparece una opción de negocio rentable a medio plazo. A ninguna entidad financiera le interesa tener los bienes embargados de estas empresas y si liquidez ante una crisis latente. Es momento de ir de compras, habrá gangas seguras.

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