SOLUCIONES NOCIVAS

Rer_2Siguen pasando los días y nuestra economía avanza imparable hacia el inodoro. Muchos saben ahora que la tormenta inmobiliaria mutará en catástrofe, es cuestión de tiempo. La sangría de datos negativos es incesante y amenaza cada vez a más colectivos sociales. Desde algunos foros se piden cambios estructurales que hagan frente a la crisis, pero que sobretodo eviten recuperar la economía con el mismo elemento nocivo del que ahora queremos curarnos. Los parches no sirven para recuperar un sistema fracturado. Ha llegado la hora de los estadistas. Toca cambiar las cañerías de nuestro modelo económico y no es una buena idea modificar algunos tramos a fin de que la mierda fluya momentáneamente.

Parece que haya pasado una eternidad desde que el gobierno anunció un plan de choque para cambiar la tendencia. La atonía del ejecutivo es desesperante y el tono monocorde de Solbes asusta. Como con la oposición no se puede contar, vale la pena revisar por nuestra cuenta las medidas que se han previsto para taponar la herida. Sabemos que el paquete de adopciones aborda aspectos laborales, de vivienda protegida, de alquiler, de fiscalidad, de hipotecas y de poco más. ¿Dónde están los puentes que deben conducir a la economía española hacía nuevos territorios de producción? ¿En que elemento esencial de política económica se basa este paquete de soluciones a fin de aliviar el cambio de ciclo?

Zapatero no proporciona datos claros de cómo se concretan esas medidas.  El silencio es un mal compañero en estos casos. Puede esconder la tentación de socializar las pérdidas del sector inmobiliario y eso supondría un agravio comparativo entre las empresas que se beneficien y las que no. Además, no ejecutar supone perder un tiempo precioso para atajar la hemorragia. Ha llegado el momento de adoptar medidas estructurales y dolorosas, bajando las cotizaciones que pagan las empresas y reduciendo los impuestos de sociedades para que la reducción de plantilla no sea la única manera de soportar el descenso de facturación, incentivando el cambio de plano en muchos negocios y siendo pacientes en la metamorfosis. Por desgracia, durante el gobierno del PP nadie pensó en preparar este momento que evidentemente llegaría tarde o temprano. Lamentablemente también, el PSOE no ha preparado la caída previsible y la ha adelantado por medio de un ministerio lesivo para el sector como fue el de la Vivienda. No te puedes cargar un sector que funciona de locomotora económica sin preparar un recambio fiable. Aunque un cambio de ciclo económico no se produce en un lustro, sino que precisa una década, y este ni se ha planteado todavía. Nos encontramos ante el final de un ciclo expansivo, en caída libre desde el trapecio y sin que nadie se acordara de poner la puta red.

Las medidas que el gobierno propone para salir del hoyo son ridículas. Las que propone la oposición no existen, también es cierto. Las soluciones que aportan los que mandan son claramente insuficientes, simples parches de políticos cobardes, ajenos a las necesidades del sistema y procuradores de la mediocridad y de la política del instante. Actores de la improvisación.

En materia de empleo se dice que intentarán acelerar la obra pública e incentivar la rehabilitación. Puesto que de las 800.000 viviendas que se construyeron en 2006 se ha pasará a 300.000 en 2008, el paro en el sector será descomunal. Eso ya lo vemos cada primero de mes. El gobierno espera poder recolocar esos parados, pero aun no sabemos como piensa hacerlo. La obra pública difícilmente podrá compensar la caída residencial. Las licitaciones deberán de acelerarse con urgencia, cosa que no está pasando, y se deberá ampliar el presupuesto para infraestructuras. Que bien iría ahora el coste de la promesa irracional de los 400 Euros. Además si no se reduce el IVA en la actividad rehabilitadora o se elimina el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales para quien compre edificios a rehabilitar, difícilmente las promotoras se mojarán en esta balsa.

Con respecto al manoseado VPO seguimos en la misma línea equivocada. Parece que la vivienda protegida sea la fuente milagrosa que cura todos los males. Si bien mantiene la ocupación parcial del sector, aumenta el parque de viviendas con precios accesibles y destroza definitivamente el sector residencial privado. El dilema está en si el gobierno debe transformar en VPO la vivienda vacía existente sin vender, y así sanear el sector a costa de no continuar a falta de obras en curso, o por el contrario ejecutar obra nueva con esas constructoras sabiendo que sus promociones no se venderán.

Se tire por donde se tire, el sector está herido de muerte y con él nuestro sistema de crecimiento. El hecho es que, se haga lo que se haga, el paro aumentará hasta alcanzar cifras bíblicas, demostrando que las medidas deben ser estructurales, dolorosas y con visión a largo plazo. Mi opinión con respecto a la vivienda protegida es que ésta debería de ser toda de alquiler. Evitaría corruptelas, beneficiaria a los necesitados, no distorsionaría el mercado libre, ayudaría a rebajar los costes del alquiler privado puesto que habría mucha más oferta y a la larga evitaría la subida de precios de venta libre.

Otra curiosidad o misterio. Según el ejecutivo se van a construir 150.000 viviendas de VPO al año, pero no explican como piensan financiar tan enorme propósito en plena época de crisis de recaudación pública.

El fomento del alquiler precisa medidas profundas. Hay que abandonar las propuestas paternalistas inservibles que hipotecan la funcionalidad pública. La renta de emancipación de 210 euros ha contribuido a encarecer una buena parte de los alquileres tal y como se iban renovando. Es mucho más estructural incentivar fiscalmente el arrendamiento. Mantener una rebaja fiscal a quien al comprar una vivienda la mantenga 10 o 15 años en alquiler con precio limitado puede ser una de esas medidas. Otra podría ser la desgravación absoluta de los ingresos netos por alquiler por cualquier tipo de inquilino y no solo por los menores de 35 años.

El alquiler debe hacerse atractivo para el propietario. Para ello precisa de seguridad en el desahucio por impago, cosa que ahora no pasa, debe permitir el contrato menor a cinco años o incentivar el superior y debe lograr que la Sociedad Publica de Alquileres deje de funcionar como una agencia intermediaria y pase a ser una entidad que subvencione la contratación de seguros privados como pasa en el sector agrario. Acelera el cambio de paradigma, evita la manutención pública y ayuda al desarrollo del concepto de seguro por impago de alquiler como pasa en Alemania o en Dinamarca.

Mientras no se localice el espacio económico que permita transformar nuestra economía en un barco dependiente del ladrillo, éste debe de reactivarse mínimamente puesto que sin motor tampoco se producirán cambios a medio plazo. Sin reactivación de la demanda sobre el sector inmobiliario, de un modo razonable y equilibrado, superar el bache se antoja imposible. Eso parece saberlo el gobierno pero su conclusión ha sido un verdadero disparate.

Ahora sabemos que el Estado traspasará la carga de las hipotecas al sector público. Ese no es el camino, la única manera de que todo un sector que en los últimos años se llenó de especuladores, nuevos ricos, alimañas y juerguistas sin estudios dirigiendo compañías que facturan millones de euros se sanee, es incorporando valores de excelencia y control. Sin la construcción activada va a ser muy difícil evitar la mayor crisis que ha conocido este país en décadas. Sin llegar a calentar el mercado, desde las instituciones públicas deben incentivar que se convierta la demanda potencial existente en efectiva, y para ello hay que coger a los promotores, constructores, inmobiliarios y funcionarios y decretar medidas correctoras en materia fiscal y de precios de venta, estructurar alquileres lógicos y justos. Estoy en contra de la intervención pública en el mercado y por ello creo que se deben marcar tendencias, estilos y fórmulas de crecimiento desde las instituciones para liderar esos procesos.

Finalmente destaco la medida estrella. Ahora podemos reducir la presión a final de mes con el alargamiento hipotecario. Me provoca un pánico terrible esta decisión. Pone en riesgo el equilibrio con el que funciona el sistema crediticio y afecta claramente a las provisiones de las entidades financieras. No entro en la tomadura de pelo que supone para el pobre hipotecado que pasa de deber toda una vida a deber la de sus propios hijos.

En definitiva, no hay propuestas para calmar el estómago de una crisis voraz. Nadie se atreve a llamar por su nombre al monstruo.

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