DESTRUIR PARA CREAR

Los responsables del descalabro económico español los conocemos hace meses: el parón del sector inmobiliario, los desequilibrios propios del final de un ciclo que ha durado una década y la crisis financiera internacional. Sin embargo, parece ser que la rapidez del deterioro ha sorprendido a muchos "expertos". Parece una gigantesca tomadura de pelo poner cara de guineano y asegurar que la virulencia del batacazo ha sido inesperada por todos. Por todos no. En muchos foros, incluido este, se ha estado anunciando la tormenta y su tremenda contundencia desde hace años. Esta noche se emite la tertulia económica “La Plaza” en Punto Radio, donde asistiré para discutir acerca del tipo de crisis que nos acecha.

Hay quien opina que ésta es una recesión de manual, típica tras una racha alcista, con el añadido de que llevamos tanto tiempo creciendo que se nos ha olvidado esa otra cara de la moneda. Si se le suma el contexto internacional, hay quien habla de dos años muy negativos. Pero, a mi modo de ver esa es una imagen muy naïf del problema. Es evidente que aun no hemos tocado fondo ni de lejos. No hay relevo para la construcción puesto que servicios e industria no dan muestras de ser capaces de hacerlo. Además, y teniendo en cuenta que la obra pública es poco intensiva en el ámbito de la mano de obra, es una obviedad que si la ocupación no encuentra un colchón durante 2009, el consumo caerá a niveles desconocidos desde 1993 y esto a su vez condicionará un crecimiento paupérrimo durante bastantes años como llevamos anunciando hace tiempo. En base a las comparativas existentes y el análisis de situación dependiente, tengo la certeza de que con respecto a la duración de la crisis, sumaremos ocho o nueve trimestres entre las fases de frenazo, valle y recuperación. El PIB español no volverá a brillar con hasta bien entrado 2011.

Pero si hay algo ridículo en todo este regocijo, es asistir a las comparaciones de esta crisis con la de 1993 y en como aplican como inalcanzables los números negativos que vivimos en aquella ocasión. Esto es hacerse trampas al solitario. Aunque es cierto que aquel millón de parados nuevos situó la tasa de desempleo en un lejano 20%, que el PIB de entonces pasó de crecer un 0,7% a decrecer un 1%, que el saldo presupuestario arrojaba un 4% de déficit mientras que en 2007 vivimos un superávit del 2,23%., y que nuestro tejido empresarial tiene una mayor apertura, también no es menos cierto que cuando se intenta minimizar el estado actual, comparándolo con aquella situación de la década de los 90, se olvidan algunos aspectos que actualmente deben entenderse como dramáticos y que inculpan en gran medida a toda la clase política de los últimos 15 años. Por ejemplo, en el ámbito internacional el petróleo está distorsionando todos los mercados de cambio y se traslada a la cuenta de precios de los ciudadanos y de las empresas de un modo brutal. Otro caso que complica la situación respecto a crisis anteriores está en la política monetaria, pues hemos perdido el salvavidas que nos otorgaba la posibilidad de devaluar la peseta y que ahora, aunque parezca que el Euro nos arropa, también impide según que medidas particulares. Dependemos de decisiones globales que no siempre serán adecuadas para nuestra economía domestica. En definitiva, para España, esta es una crisis inédita por su globalidad y su infección sistémica que se refleja en una evidencia técnica: estamos en un cambio de ciclo y las medidas políticas poco pueden hacer en estos casos para eliminar sus efectos, sólo pueden intentar mitigarlos o estructurar esos cambios dentro de unos límites.

Hace pocos días, en otra tertulia, en esa ocasión televisiva, me preguntaron las medidas que se deberían adoptar para superar esta situación lo más rápidamente posible. La respuesta fue sencilla: ¡darse prisa! ser ágiles en apoyar a las empresas, que verán reducir sus ingresos, con recortes en el Impuesto de Sociedades y en las cotizaciones sociales, para que estas puedan mantener sus niveles de inversión. También sería necesario acometer con rapidez medidas liberalizadoras en los mercados de productos para abaratar los precios, y en el ámbito laboral, aplicar reformas urgentes que faciliten la contratación, la abaraten y permitan la creación no impositiva de empleo y, por tanto, evitar que la caída del consumo retroalimente la crisis.

Ahora bien, nada impedirá el choque de trenes. La crisis será inevitable, tremendamente dura y de repercusiones sistémicas, pero como todo en la vida, pasará y podemos hacerlo de muchos modos. Espero que las medidas se adopten. Si deben ser keynesianas o liberales está por ver, pero de los dos lados tenemos muestras positivas y negativas por igual. Aunque me decanto por las segundas considero que, como no hay modo de pararlo, lo mejor es proceder al ejercicio de las reformas estructurales a largo plazo y esperar que el mundo siga dando vueltas en el mismo sentido hasta entonces. De modo que un híbrido entre políticas liberales y subvencionistas podría ser el mejor paliativo, aunque el dolor de estómago no nos lo quitará ni el Cristo de los Faroles.

Pero, ¿cuál es estado previsible a medio plazo? ¿Podemos hablar de recesión aunque no lleguemos a cifras negativas? El mercado laboral español comenzará a destruir empleo en términos netos a finales de 2008, una situación equiparable a la recesión, incluso en el caso de que el Producto Interior Bruto siga sin manifestar tasas de crecimiento negativas. Desde enero de 2007, el mercado laboral español arroja un claro deterioro, azuzado por el parón del mercado inmobiliario. Si bien la recesión técnica responde a dos trimestres seguidos con crecimiento negativo del PIB en términos ínter trimestrales, si podemos interpretar, hoy en día, que una economía que destruye empleo a niveles tan importantes puede estar en términos subjetivos en una especie de recesión virtual. A mi modo de ver, y en opinión de algunos economistas actuales, cuando una economía asiste a una destrucción neta de empleo y registra exiguos avances del PIB, por debajo de su potencial, la recesión es un hecho. Y el hecho es que el PIB está rozando la parálisis y el paro anotó un 9,6 por ciento en el primer trimestre del año, cuando en el mismo periodo de 2007 marcaba un 8,47 por ciento. No extraña que los observatorios económicos prevean llegar al 10,5 por ciento en los próximos trimestres. Se están confabulando una serie de factores para hacer daño y, lejos de ir moderando, se acentúan.

Las definiciones simplificadoras, en ocasiones, no dicen la verdad, y esto también ocurre con la de recesión técnica. El concepto de los dos trimestres negativos es insuficiente y lo deberíamos modificar por examinar si confluyen una serie de factores que lleven a diagnosticar un "cuadro recesivo". Si se toma el primer trimestre del año, en términos anualizados estaríamos creciendo no más del 1,2 por ciento. Además, sube el paro, las afiliaciones a la Seguridad Social se ralentizan y la creación de empleo es menor. Todo ello, junto con una inversión de las empresas frenada y una inestabilidad financiera en aumento, hacen que podamos hablar de fase descendente del ciclo empezó traspasando la barrera conducente a la fase recesiva. Sabemos que junio podría cerrar el segundo trimestre del año con crecimiento cero o ligeramente negativo.

Ayer leía la teoría de la destrucción creadora, concepto concebido por el economista Joseph Schumpeter (1883-1950) y me imaginaba que el saneamiento que en la economía española se va a producir en esta fase de declive podrá darle la razón a tan insigne personaje. Este mismo decía que el "cuadro recesivo" activa una serie de mecanismos a él asociados que depuran situaciones.  En nuestra cocina teníamos la sobredimensión inmobiliaria, la cual era insostenible en el tiempo. Si la teoría funciona para el análisis de salida, igual que sirvió para entender la entrada en la crisis, vemos que será en el ecuador de 2010, cuando se registrará el suelo de crecimiento, la destrucción creadora será la clave para la recuperación. Un remonte que durará unos tres años. Llegaremos a las elecciones de 2012 en plena euforia positiva.

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