MENDIGOS PATRIMONIALISTAS

Al contrario de lo que pueda parecer, el optimismo de la Fundación de Cajas de Ahorros es digno de análisis. Y lo digo porque si hay alguien en este país con datos suficientes para saber el alcance de este akelarre económico en el que nos encontramos son las entidades de crédito españolas. Si bien es cierto que Funcas ha sido, desde principios de año, la voz más atrevida a la hora de hablar de la grave situación de nuestra economía, creo que ahora pecan de oficialismo. En ocasiones anteriores se han deslizado por el territorio del pesimismo realista certificando estimaciones de un incremento del Producto Interior Bruto en el 1,6% al cierre de 2008 y del 0,4% en 2009, pero ahora estas previsiones son excesivamente cercanas al discurso que habla de desaceleración y no tanto al que habla de crisis. ¿De donde nace ese crecimiento del 1,6%? Sabemos que el crecimiento en el primer trimestre no superó el 0,3% y se intuye que en este segundo toquemos el crecimiento nulo o negativo. El tercer y cuarto no suelen mejorar las expectativas de los anteriores, por lo que es casi un insulto no reflejar públicamente el resultado de la ecuación. Cuando Funcas dice que este país "podría estar conduciéndose a una recesión que puede ser intensa y duradera" lo que hace es poner en condicional una realidad sintética que ya reflejan la mayoría de medios internacionales.

Me gustaría poder decir que a finales de 2009 o mediados de 2010, o aun más duro, a lo largo de 2011 nuestra economía empezará a reflejar signos claros de recuperación. Tal vez, pero el análisis objetivo de los datos, las coyunturas y alguna comparativa histórica y territorial no nos permiten ser tan optimistas. Al debilitarse la formación bruta de capital del modo que estamos sufriendo en la actualidad, el tiempo de transformación depende de muchos factores independientes, lo que hará muy difícil generar sistemas distributivos en la solución del problema. Por ejemplo, algunas medidas como armonizar el tratamiento de la emigración, en colaboración con la Unión Europea, reformar el mercado de trabajo, mejorar la productividad de la economía española e impulsar el sector industrial son elementos no vinculados y que requieren acciones sectoriales previas hasta que a largo plazo puedan ser conectivas entre si. 

Por estas y otras razones, mi apuesta de crecimiento a final de año no alcanza el uno por ciento. Y se me antoja negativo en 2009 y 2010. Al contrario de lo que algunos “pesimistas-optimistas” recitan, nada hace aventurar que en 2010 esto tome tono y alegre la vista. Los procesos de embargos y fallidas son lentos y minuciosos, se sucederán a lo largo del año próximo y dejarán una estela de llanto y sangre que deberemos desayunarnos cada mañana del año siguiente. El olor a podrido y a yerto dejará de agobiarnos, seguramente, durante el segundo semestre de 2011. Pero no viviremos la bonanza mal repartida de estos últimos diez años nunca más. El mundo debe adaptarse a una nueva realidad, mucho más confusa, inexacta, vulnerable a los cambios de ciclo. El planeta no dejará de girar, pero lo hará mucho más despacio. Algunos, como España, ya han dejado de impulsar esa órbita y ahora tienen demasiados problemas con su propio estómago como para preparar despensas.

Por cierto, si buscamos culpables, muchos deberíamos mirar en el espejo. Querer ser propietario de un agujero negro es parte esencial de nuestra educación de posguerra, pero significará un drama inesperado para millones de familias que creyeron eso de que era mejor ser propietario de hectáreas y deudas que alquilar, que era mejor dejar de ser un miserable sin propiedades para engrandecer la lista de los mendigos con patrimonio.

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