RAJOY Y EL CENTRO

El día que Rajoy se de cuenta que eso del Centro no es una entelequia y que existe de verdad se va a llevar un susto de no te menees. Parece una obsesión patológica de algunos líderes que viven bajo el estigma de la radicalidad mal entendida eso de alcanzar los valles y senderos que conducen al ansiado centro político. Pero ser de centro no es una actitud equidistante con nada, no se puede ser de centroderecha, ni de centro izquierda. El híbrido ese no existe, no vale y no puede reinventarse cada vez que a alguien le haga falta. En todo caso puede partir de los dos y complementarse en un espacio intermedio. Lo curioso es que España vivió el verdadero centro en su día, el que regía el compromiso de tripular el rompehielos constitucional con Adolfo Suárez en su puente de mando.

Rajoy y su centrismo cosmético es inviable desde el PP, pues no puede comerse a mordiscos todos los recortes liberales de su formación. No se puede ser contenedor de todo el espectro político que ocupa el centro orbital, la derecha moderada, la derecha profunda y la extrema derecha. Algo no pita en ese modelo retorcidamente ambiguo y poco exigente con el debate intelectual. El centro es la moderación política, la orientación pragmática de los votantes y la no militancia ideológica. Es un modo de ser conformado por posturas de izquierdas o de derechas nada radicales. La deriva en España del discurso político que simula el centrismo genera abstención. El ciudadano que huye del “todo vale” acaba por abstenerse. En otros países, el voto del rechazo tranquilo y del inconformismo de la clase media, suele nutrir los resultados de los partidos claramente identificables de centro. La primera vuelta de las presidenciales francesas demostró la cimentación del centro que Bayrou significaba y que se generaba a partir del descontento. Pero en España, el rechazo tranquilo de la clase media no se canaliza en ninguna formación política. Nosotros no disponemos de un tercer partido por culpa de un maniqueísmo pueril que ahoga nuestro sistema. La desafección de la ciudadanía se traduce en una abstención humillante. Gran parte de la desidia electoral esta compuesta por el voto de centro que se fue adormeciendo mientras agonizaba el Centro Democrático y Social. En esa bolsa de cuatro o cinco millones de abstencionistas hay muchos centristas que responden como huérfanos electorales. El centro debe delimitarse correctamente y es preciso que se pueda identificar de un modo diáfano. En la mayoría de sociedades occidentales, el centro aparece como un lugar electoralmente fascinante. Quienes logran posicionarse con firmeza en ese distrito terminan dominando el tablero político.

Por ello el PP en su estrategia de tratarnos como ilusos procura ilusionarnos con eso del centroderecha. El abanderado de esa nueva esencia centrista y reformista de los populares es un tal Gallardón. Sin entrar en su pasado, por una obviedad personal, debemos descifrar porque el alcalde de Madrid es el máximo responsable de la careta moderada del PP actual. Si alguien encuentra algo más que un enfrentamiento personalista, un par de contrataciones a técnicos de la época socialista, un buen rollo sospechoso con Bono y un discurso tranquilo y diseñado al milímetro, no encontrarán grandes trazos ideológicos que lo conviertan en lo que la opinión pública estima.

Pienso que el centro es más que una persona y su simpatía, debe ser el factor que localice un marco de expresión para los que están preocupados por los problemas de fondo. Un centro ideológico comprometido con los valores morales y con la justicia social. Para localizar ese espacio político es fundamental asumir que el centro tiene poco que ver con la gestión de situaciones del día a día y más con la edificación de estructuras que permitan que el Estado sea el garante de las libertades individuales y colectivas. El centro precisa un liderazgo sereno pero progresista, social y comprometido, tranquilo pero entusiasta. Como saben, me considero de centro y estoy convencido que esa doctrina tiene fronteras reconocibles y posee una superficie ideológica delimitable que ahora es un desierto que no ocupa nadie. Las franjas más voluntaristas del PSC o de alguna franja del propio PSOE si viven en los territorios del centro ideológico pero distan mucho de poder identificarse con él. Los líderes actuales de todos los grupos son defensivos y previsibles. Su “focodependencia” les ciega y se demuestra que cada vez están mejor secuestrados por los laboratorios de telegenia.

No obstante, estoy seguro que el centro es quien puede emancipar la política de sus irrespirables conflictos. Puede anteponer la batalla de las ideas frente a la guerra de las personas que por desgracia digerimos con dificultad todos los días. Esa tarea no la hará el PP, de eso estoy seguro, además me insulta que se pueda admitir que sean el centro sin más debate que la propia fonética del término. Me molesta que cuando me defino de centro, me identifiquen con el nuevo PP, igual que me jode que cuando analizo la grave situación económica actual, por culpa de que el PP se ha apuntado al desgaste por esa vía, me incluyan en su armamento mediático.

De la crisis hace años que hablo, la expliqué, la anuncié y de eso hay constancia. Lo hice mucho antes que el PP ni tan siquiera la hubiera olido. Ahora que hagan lo que quieran, que me citen si lo desean, pero que recuerden que ellos tienen su parte de culpa en esta merienda. A parte de una actitud desconcertante por parte del gobierno acutal, se pongan como se pongan, el modelo de crecimiento que nos ha llevado a la ruina lo inventó el intocable Rato, lo certificó el ascendido a los altares Montoro y lo materializaron los españolitos suicidas que se convirtieron en promotores de esquina y callejón.

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