EN EL 37 CONGRESO DEL PSOE

PsoeMe invitaron al 37 Congreso del PSOE. La verdad es que la oportunidad era interesante. Pensé que poder charlar con la dirección del partido del gobierno y sentir el pálpito de los delegados más allá de lo que, por militancia, dicen en público, sería una experiencia muy nutritiva. Y así fue. Sin embargo no me llevé ninguna sorpresa al comprobar que este tipo de eventos son para la gloria y visualización de lo bueno, y para ocultar o disfrazar lo malo.

En este, Zapatero fue reelegido secretario general por aclamación. Y
aunque su paseo triunfal quedó deslucido por la publicación de algunos
datos económicos días antes demostrando el agravamiento de la crisis
económica. Mi papel de observador me otorgaba un estatus de
semiperiodista u opinador incómodo que, sin embargo, no me incomodó en
ningún momento, sino todo lo contrario. Las facilidades y la buena
predisposición abierta fue un gesto cotidiano durante las tres jornadas
del cónclave.

Quiero advertir que hubiera posteado desde allí si el sistema de
conexión wi-fi hubiera funcionado correctamente
. Fue imposible hacerlo
de un modo adecuado durante muchas horas, por lo que me dispuse a
escuchar y atender lo que por allí se respiraba y tomar notas para
hacer un artículo más de conclusiones. Para ello asistí a reuniones
inconfesables, peleas de barrio, abrazos confidentes y a debates
multilaterales muy interesantes y nutritivos. El hecho de poder acceder
a las ponencias, a los debates y los plenarios por el mero detalle de
ser invitado observador digital me pareció muy valiente. El PSOE juega
a las redes sociales hace tiempo y sabe mejor que nadie lo peligroso
que puede resultar una información negativa en la red vírica
. En mi
opinión, ese factor determina en gran medida la credibilidad del
escenario y la voluntad de apertura que percibí.

Pero lejos de todo debate, el evento fue un paseo triunfal de José Luis
Rodríguez Zapatero, que fue reelegido por aclamación para dirigir el
partido durante los próximos cuatro años a costa de evitar el tema de
moda en la calle: los problemas económicos. De hecho pude vivir en
directo como se obviaba el término “crisis” en los grandes discursos
pero si se trataba en los pasillos
. Una de las razones que ayudaban a
ese curioso efecto bífido fue que el pasado fin de semana desembocaba
en una tibia actuación frente a la crisis aportada por Zapatero en el
debate parlamentario del miércoles pasado por la tarde, cuando los
partidos nacionalistas hicieron frente común con los populares para
criticar la actuación del Jefe del Ejecutivo ante la crisis económica.

Para mi no es demasiado importante, y por ello no lo analizo, si la
mujer es hombre o mujer, adefesio o Miss Levante, maduro o joven. A mi
lo que me interesaba era saber si el Congreso cristalizaba una abulia
política latente frente a los nubarrones de la crisis
. Quería percibir
como se preparan desde la organización socialista para atajar a los
populares reorganizados y preparados para atacar al Ejecutivo por el
bolsillo de los españoles.


Por desgracia, el congreso socialista no permitió en materia económica
examinar alguna novedad importante.
Seguramente no tocaba, pues ese no
es un espacio de debate ideológico en exclusiva y la telegenia y el
foco correctamente colocado es tan importante como las conclusiones
políticas. No obstante, algunos principios quedaron asentados como
líneas maestras en el futuro de las políticas económicas del PSOE: una
férrea defensa de las energías renovables, un rechazo implícito a la
energía nuclear, apuesta por la flexiseguridad en materia laboral y el
mantenimiento de una concepción moderna del Estado del Bienestar, que
aúne “la liberalización de los mercados” con una “inversión social
permanente”. Y poco más. No se escuchó la palabra crisis o de cómo
afrontar sus consecuencias en ningún atril. Se descartó cualquier
recorte del gasto social tal y como le reclama la oposición popular,
para evitar un desequilibrio de las cuentas públicas
. Y aunque es
cierto que la dirección estima poco acertado trasladar una imagen de
crisis o desánimo económico, también lo es que los cargos socialistas
con los que pude hablar eran conscientes de que la etapa de relajación,
que comenzó con la victoria electoral y la crisis del PP, no beneficia
a nadie y puede que pronto no sea factible ocultar una situación social
cada vez más enrarecida por el deterioro económico.

En mi opinión, el pasado 37 Congreso perdió la oportunidad de dar la
imagen de que el PSOE tiene la maquinaria perfectamente engrasada para
afrontar los tiempos difíciles que se avecinan
y a cambio se mostró
ágil, dinámico y muy bien preparado para su discurso más social,
innovador en lo humanístico y de vanguardia, bien atado conceptualmente
a los que menos tienen, dialogando sobre la ley del aborto, la laicidad
del Estado, el voto inmigrante, el plurilingüismo o la jornada laboral
.

Prefiero, por ahora, obviar la evidencia que ya he señalado. La
economía se hunde y pocos tienen intención o posibilidades de evitarlo.
Que el PSOE no es responsable de un cambio sistémico es posible, casi
seguro, pero que los amortiguadores no se están repartiendo también es
una verdad de libro. Por eso prefiero atender a otras aristas del
asunto. Se pudo vivir, en el resto de temas, un debate valiente y en
abierto que permitió que los observadores que por allí estábamos,
pudiéramos disfrutar de algo con sustancia y de alto nivel.
Estuviéramos de acuerdo o no, lo que si podemos destacar es la valentía
en el trato de esos temas en un congreso en lugar de los órganos
sectoriales inferiores y opacos
. Para superar esas disfunciones el PSOE
propuso la creación de un grupo de expertos que revise la legislación
sobre el aborto para recoger las experiencias más innovadoras de las
leyes europeas en cuanto a indicaciones y plazos. Al respecto planteó
una serie de criterios que van desde la equidad territorial y la
garantía de la accesibilidad a través de la red sanitaria pública o
concertada, al respeto a los derechos y a la voluntad tanto de las
mujeres como de los médicos que las atienden.

Quiero destacar que, en otro orden de cosas, pude asistir al debate de
alguna enmienda sobre como avanzar hacia la laicidad del Estado
, muy
tímida para mi gusto por proponer una progresiva desaparición de
liturgias y símbolos religiosos en los espacios públicos y actos
oficiales de Estado, en lugar de ejecutar ese mandato institucional.
Pero la cosa se calentó especialmente con la propuesta de ampliar el
derecho al voto en los comicios municipales
, “para todos aquellos que
ya están instalados de manera legal y estable en España” y que supuso
una reacción furibunda por parte del PP durante los días previos.


Para los que buscábamos debate sobre economía y alguna propuesta de
como salir del hoyo, nuestro gozo quedó en un pozo
y tuvimos que
equilibrar nuestro apetito con algunas propuestas que pudimos vivir en
directo. Por ejemplo, en el ámbito de la enseñanza lingüística, los
socialistas apoyaron el modelo de Catalunya, porque considera que el
castellano “goza de buena salud” y no tiene sentido pensar que debe
defenderse de las lenguas cooficiales de las comunidades autonómicas.

Y para gloria y aplauso unánime, durante el congreso se ratificó el
rechazo al proyecto de directiva europea de incrementar la jornada
laboral hasta las 65 horas
y que se compromete a mantener la jornada
actualmente vigente en el Estado español, sin que se produzca alguna
molificación si no es previo acuerdo con los interlocutores sociales.

En definitiva, una mala gestión de las nuevas tecnologías en el
propio recinto habilitado para ello, un debate estéril en el ámbito
económico y una muy interesante aportación global en políticas sociales
de alto calado que se agradecen
desde el punto de vista de que,
visto lo visto, y analizando la que se nos viene encima, pueda ser útil
para que los más necesitados sufran lo menos posible.

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