LOS VOTOS DEL PP A CIU

En el preciso instante que parecía que el PP de Catalunya sería capaz de elegir a su propio presidente, desembarca una vez más la dirección nacional para poner orden a su manera, a partir de un puñetazo en la mesa y colocando al frente a alguien lo menos incómoda posible para los intereses de Génova. Por eso han puesto a Alicia Sanchez Camacho, que tiene el privilegio de ser la única cabeza de lista provincial del PP que no logró su escaño en el Congreso de los Diputados. No debería de extrañarnos. El que les escribe ya lo sintió en su propia epidermis. Como lo vivió antes Josep Piqué de la mano de Acebes o Alejo Vidal-Quadras con el propio Aznar imponiendo a Alberto Fernandez Díaz.

Realmente los que deberían de celebrar esta manera de solucionar
problemas que tiene el PP son los chicos de Convergencia i Unió.
Resulta que no necesitan gastarse un duro en campañas mediáticas, ni
esfuerzo vocal alguno que demuestre que los populares carecen de
autonomía suficiente para decidir sus dirigentes. La consecuencia
inmediata es que los votantes catalanes moderados prefieren votar a
Artur Mas y a Josep Antoni Duran i Lleida que al candidato de paja, la
marioneta que el PP elige desde Madrid. Rajoy prometió que la elección
del presidente popular catalán se decidiría en Catalunya. Como muestra
de normalidad democrática se presentaron tres candidaturas. Pero como
sabemos, los partidos evangelizan sobre la democracia sin ser
democráticos, suelen hacer aquello que te dice tu padre al prohibirte
fumar mientras expira el humo de su propio cigarro: “haz lo que digo,
no lo que hago”.

Esa falta de criterio e inteligencia procurará el
fracaso a medio plazo. Permitir ese enfrentamiento congresual, hubiera
colocado al PPC a un nivel parecido de autonomía territorial de la que
goza el PSC y que tan buen resultado les ha dado. Rajoy no supo como
mantener su promesa y decidió parchear una vez más la colonia popular
catalana con el propósito de que nadie ponga en tela de juicio su
liderazgo. Pero alguien debería decirle a ese buen hombre que Catalunya
no es un peón sacrificable, sino un elemento clave para ganar las
elecciones generales. Reconozco que me produce un cierto placer ver a
un partido político tan desorientado. Que sea el PP el grupo perdido me
alarga el gusto. Pero en el análisis de lo que significa esta deriva
ridícula y tan poco estratégica, reside la llave electoral. Mientras el
PP no modifique esa actitud estructural, el votante catalán ubicado en
la centralidad ideológica y en el catalanismo moderado seguirá
convencido de que a la hora de defender sus intereses es mucho mejor
votar a CiU, incluso no siendo nacionalista.