NO HAY DERECHO

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder del PP, Mariano Rajoy, han acordado hoy crear una mesa para abordar reformas estructurales. Ya podemos respirar tranquilos, pedir hipotecas y disfrutar de nuestro subsidio por desempleo. Sin embargo me cuesta acomodarme a tanta palabrería de enjuague bucal. Esto si que me asusta. No me creo ni la primera vocal de cada frase de ninguno de estos dos. Resulta que ahora se plantean las consabidas reformas estructurales, pero lamento informarles que son ineludibles y que no precisan de sus esfuerzos intelectuales y técnicos, que no es preciso ninguna mesa o pacto, que vienen sin querer y lo van a hacer de un modo traumático por no haber estado a la altura de las circunstancias.

Ninguno de los dos, ni nadie de sus equipos ha sabido situarse en el
escalón que este momento histórico exigía. A falta de minutos para la
gran explosión poco o nada pueden hacer estos tipos. Rectifico, si
pueden. Podrían hacer una cosa, informarse bien y trasladar las
conclusiones. Advertir a los españoles a lo que se enfrentan y dejar la
palabrería de feria rural con la que intentan, curiosamente los dos,
disimular. Deben, los dos, certificar que nuestra crisis es superlativa
y que será mucho más dura, larga y profunda que la de la mayoría de
países de nuestro entorno. Deben advertir que hay subprime en España,
que la crisis financiera nos llegará más pronto que tarde y que la
bajada de precios no se debe a una buena gestión política sino a la
parada creciente de nuestra economía.

Deben explicar y si no saben lo explicamos nosotros, que una parada
técnica de la economía social es un hecho sin precedentes y que supone
el vacío y la parálisis. Deben comunicar que una parada técnica
requiere muchos años para reposicionar el motor. Deben dejarse de
política de foco y alcachofa y pasar a la actuación en función de sus
responsabilidades. Deben saber que esas responsabilidades ya no tienen
nada que ver con medidas y reformas estructurales, sino en hablar claro
e informar de que estamos sobre un polvorín. Deben informar, los dos,
de que las anunciadas reformas estructurales a estas alturas ya no
pueden llevarse a cabo desde la dirección política, ahora ya no hay
nada que reestructurar políticamente, se van a producir en fases
intermitentes y serán autogestionables. Deben ser francos y decir que
si el modelo de crecimiento español basado en el consumo y el sector
inmobiliario, en el crédito barato y en el turismo de segunda, poco ya
se puede establecer estructuralmente, puesto que todo ello está
descomponiéndose muy rápidamente.

Deberían decir, y no lo dirán, que las reformas estructurales pasan por
la reconversión del conocimiento circulando por ese carril paralelo
donde trasladaremos la opinión social y la convertiremos en ejecutiva
orgánica y productiva a medio plazo. Deberían decirlo pero no lo dirán
porque no saben que quiere decir eso de la reconversión postindustrial
del conocimiento y porque en el caso de que alguien les explique lo que
es, se asustarían: perder poder, perder el control, perder, perder,
etc. Los políticos juegan con las blancas y casi nunca pierden por eso
no les interesará a la mayoría. ¿A cambio tenemos lo que nos merecemos?
Yo no, me niego a aceptar que merezco a estos habitantes de la nadería
y del descanso moral. Ahora bien, es cierto que hay mucho alienado. Son
los ciudadanos desinformados, creyentes y bovinos que prefieren creer
en algo que obviamente es absurdo, a fin de no enfrentarse al reto de
aceptar tanto desaliento.

Debemos ser capaces de sobrevolar el estiércol que esa pandilla de
irresponsables de los dos partidos principales han repartido por todas
partes. Claro que este país es ese en el que, viajando en el AVE, una
mujer me preguntó si había escuchado eso de que habían bajado las
bolsas. Le contesté que si, pero que ahora ya subían que no se
preocupara. Ella contestó: es indignante tanto cambio sin avisar, ahora
resulta que Gran Hermano lo “echan” los martes cuando se sabe de toda
la vida que lo “echaban” los jueves, no hay derecho. Es verdad, no hay
derecho.