INNOVAR CONTRA LA CRISIS

Hace unos meses pude asistir a una charla deTim Harford sobre nueva economía. El autor de “El economista camuflado” y de “La
lógica oculta de la vida
”, hizo referencia a una de las etapas de la historia más
interesantes en términos de innovación tecnológica, la revolución industrial. De
hecho durante esa sesión especifica para investigadores de la economía de
redes, nos explicó una de sus últimas deducciones. A través de la observación,
Harford descubre una lógica inédita en la invención de la máquina automatizada.

En lugar de indicar un cambio que hiciera eficientes los sistemas de producción
y la reducción de costes, él ataca el asunto concreto que explica el propio ejercicio
de innovar en maquinaria durante la era industrial. La realidad era mucho más
triste. En la época, Inglaterra tenía el coste de mano de obra más alto de
Europa, de modo que era incapaz de competir con las empresas extranjeras y le
impedía tener un crecimiento económico razonable. Esa necesidad obligo a
pensar. Ese pensamiento acunó una nueva fórmula productiva y con ella un nuevo
sistema económico, social e incluso político. Podemos extrapolar esta idea de
la necesidad que obliga al hombre a innovar.

La crisis se está desplegando con
severidad, la recesión es inevitable y a la vuelta de la esquina está la más
temible de las situaciones, la deflación y con ella la parada técnica de la economía
. Ahora que el dinero es un bien natural y no un elemento práctico para la compra, el
valor ya no se da por el interés de las cosas si no por la producción de las
mismas. El sentido del patrimonio ha cambiado y con ello el paradigma económico
también cambiará. Esa crisis sistémica es la mayor de las oportunidades que
hemos tenido en los últimos dos siglos para establecer nuevos modelos de
negocio, nuevos sistemas de relación financiera, nuevos vínculos entre empresa
y gobierno, nuevas estrategias mucho más justas y, en definitiva, una nueva
generación de ideas que fuercen los cambios imprescindibles que este mundo
precisa
.

Obviamente esto no deja de ser un deseo, pero nunca habíamos estado
tan cerca de lo inevitable
. Se pongan como se pongan en Washington, en Madrid o
en Tombuctú, las medidas adoptadas en los últimos días, los rescates de los últimos
meses y los llantos de las próximas semanas, no van a ser más que fotografías
con tono sepia, lo bueno está por diseñarse, las respuestas por encontrarse y
el camino por trazar. Confio todavía que seremos capaces, como sociedad civil o
como clase emprendedora, pero aun quedan opciones. Al que me llame pesimista lo
acribillo a ideas, al que me llame optimista lo silencio eternamente con datos
objetivos que cada vez nos tocan a más gente y de más cerca. Hoy lo explicaré en el Nodus.