DERROCHE INCONSCIENTE

El Fondo Estatal de Inversión es el remedio que el gobierno cree haber encontrado para luchar contra la crisis. Por lo menos para amortiguarla, para parchear, para improvisar. 8.000 millones de euros que se irán por las cloacas municipales de media España. Ni un céntimo para intentar modificar un modelo de crecimiento basado en el ladrillo y procurar una estrategia a medio plazo que nos saque del atolladero en el que estamos con garantías de futuro. Zapatero y su ejecutivo ha decidido crear empleo subsidiario con los últimos euros que nos quedaban.

Negaron la crisis por intereses electorales, luego por un orgullo que habrá sido letal y finalmente por una inutilidad manifiesta de la mayoría de los ministros del peor gabinete de la historia reciente de este país. Ahora intentan subsanar ese error y aceleran medidas que se han calculado mal y que no tienen estrategia global de actuación. No digo que la oposición tenga algo mejor que ofrecer, pues hasta la fecha su tonadilla está tan manida que da vergüenza ajena. En este sentido, un consejo a la dirección pepera: no permitan que la Cospedal hable de economía.

El desperdicio que supone esta medida es insultante, pero la falta de transparencia está siendo de juzgado de guardia. Pistas de tenis, reformas en cementerios, pintar fachadas y sustituir bombillas para ocupar a 85.000 personas es todo cuanto tiene previsto el plan de inversión del susodicho. Menuda hostia nos vamos a dar. Las cifras que reflejan sobre España los informes oficiales de los que hablamos no tienen en consideración estos planes y se basan en trazos objetivos, similares para todos los países, pero España está actuando por libre con repartos indiscriminados de dinero público. Cuando se introduzcan los resultados de estas decisiones en las tasas de cálculo en 2010 vamos a quedarnos helados.

Tanto gasto sin medida, tirar de fondos estructurales y de capacidad inversora va a suponer que el remedio sea peor que la enfermedad. Tanto dispendio lo vamos a pagar a medio plazo. Sólo el ministro de Economía ha advertido que ya no queda nada en las arcas del Estado. No hay ni un céntimo para más parches y, lo peor, no queda un real para medidas estratégicas que nos suba en el tren del progreso y la modernidad, el único que nos podía sacar de este charco pestilente.