Y SOLBES SE FUE

SolbesPedro Solbes no pasará a la historia como el peor ministro de economía de este país aunque nos condujera a dos crisis graves durante sus mandatos. Aunque si ha sido un ministro errático, sin liderazgo y de escaso valor estratégico. Realmente nunca entendí esa aureola de gran economista y gestor implacable. Su hoja de servicio era la de un funcionario de alto grado y poco más. Durante los tiempos de bonanza, en la primera etapa del gobierno de Zapatero, su trabajo fue sencillo y no cumplió con la principal obligación de un estadista: prepararnos a todos para el inminente batacazo por culpa de un modelo de crecimiento que se agotaba.

El amigo Solbes no movió un dedo. Su abulia desembocó en el parón de la construcción y un frenazo del consumo. Nuestra crisis ya estaba llegando, se olía, pero nadie hizo caso. Ahora tanto el saliente, como la entrante, seguirán enmascarando el tema en la crisis internacional. Habrá un día que nadie hablará de ésta última y nosotros aun estaremos diseñando planes de rescate de la economía. En un futuro no muy lejano, el mundo estará embarcándose en fases de crecimiento y nuestro país continuará pagando las cuotas de la hipoteca a la que el ejecutivo de Zapatero nos ha obligado a firmar.

  1. Solbes es un inútil. Eso ha quedado demostrado. Está por ver si era el mejor de los ministros posibles en el ala socialista. Cuando en el Consejo de Ministros actual pasan lista a más de uno se le debe escapar la risa. Hay algunos que en su vida de militante de base nunca hubiera pensado jamás llegar a sentarse ahí y hay otros cuyos intereses personales son tan grandes que ni se les ve. Sin embargo, hubo un momento en el que este gobierno tuvo la oportunidad de atender a lo que se nos venía. En agosto de 2007 el mundo se dio de bruces con las hipotecas subprime. Aquí nadie se sintió aludido, seguimos igual y así vamos a acabar.
  2. Solbes falló en su diagnóstico pues ni las atendió. En lugar de provisionar una posible situación de riesgo, se puso al lado de un simplista Zapatero que no tenía la más mínima idea de lo que significaba todo aquello. Lo de que España era robusta, que no tenía subprime y meriendas similares nos dañaron irremediablemente. La historia y los 6 millones de parados que acabaremos teniendo le ayudarán a recordar a estos dos personajes sus fallos. Que se acercaran las elecciones no ayudó demasiado y la hemeroteca audiovisual también es terrible, todos podremos ver una y otra vez a ese Solbes negando ante Pizarro que las cosas tuvieran que ir mal.
  3. No hubo prudencia y se atacó a quienes denunciábamos la que se nos venía encima. Eramos antipatriotas, veíamos fantasmas y como buenos catastrofistas buscábamos un vuelco electoral. Pues a beber barro. Solbes pasó no reaccionar a los acontecimientos financieros a la táctica de negar lo que para todos era evidente, que la crisis se había instalado en las economías desarrolladas.
  4. Solbes se contradijo tantas veces que ya nadie sabe lo que pensaba realmente. Se instaló en la negativa de la crisis hasta que los acontecimientos de quiebras en Estados Unidos y el Reino Unido eran una evidencia. Luego mantuvo que no había problemas, pero sin embargo empezó con algunas medidas sin demasiado calado. El paro empezó a subir de modo exponencial y la inflación toco el 5%. Los juzgados se llenan de suspensiones de pago y Solbes presenta unos Presupuestos Generales que son inasumibles en época de crisis. Nada de lo que en ellos se prevé se puede cumplir y Solbes lo sabía. Zapatero le ordenó ganar tiempo y el ministro cumplió.
  5. Durante este tiempo, bajo los pies de Solbes, la crisis financiera iba sedimentando un escenario siniestro. Las empresas no encuentran un interlocutor válido a sus demandas y Pedro Solbes confunde las causas con los efectos. Las líneas de crédito a través del ICO no sirven de nada pues el problema de la liquidez tiene causa previa en la crisis financiera que se empeñó en ignorar.
  6. Hay un momento en el que Solbes estuvo a punto de lograrlo. Consigue consensuar el Fondo de Adquisición de Activos y otras medidas de apoyo a las entidades financieras junto al Partido Popular, pero el partidismo de un Zapatero que no actúa como Presidente sino como Secretario General del PSOE lo aplatana declarando que “no se les ha dado un euro a los bancos. Los parados no lo entenderían” Solbes, que suele fallar más que una escopeta de feria, en este caso acertaba, pero su falta de autoridad era ya un problema en si mismo.
  7. La desconexión entre el presidente y el vicepresidente se plasman cuando encarga a la ministra de Administraciones Públicas, la que ahora le sustituirá, Elena Salgado, la gestión del Fondo Local y a Miguel Sebastián, la del Fondo para la Industria. A efectos prácticos, a Solbes le hacen los Presupuestos, le dicen en que, como y cuando se van a gastar.
  8. Solbes llega a ser un espectador. Deja de ser ministro mucho antes de que lo cesen. Observa como se volatiliza un superávit público a velocidad de vértigo. Cabe decir que eso a Solbes no le viene de nuevo pues con González ya lo vivió. Saltarse al Ministro de Economía parece un deporte que los socialistas practican siempre en épocas de crisis.
  9. Solbes ha sido un ministro apartado del ministerio, un vicepresidente honorífico. Las medidas que mayor daño han hecho, cosa que pronto sentiremos en nuestras carnes, como los famosos 400 euros, el cheque bebé, las recetas sociales zapateriles, los gestos no estratégicos y las obsesiones de Sebastián, nada tenían que ver con su manera de ver el camino de la recuperación. No haber impuesto un criterio de economista ha permitido que el primer superávit público de este país se haya ido por las alcantarillas en un visto y no visto.

Sobes ha sido un desastre como ministro, por obra o por omisión, pero por lo menos nos dejó caer algunas perlas que demostraban que había algo de intención. Sin embargo nadie le escuchó en su gobierno, incluso se divirtieron humillándolo en público. Alguna de sus verdugos era la que ahora será su sustituta. Solbes no pasará a la historia como el peor ministro de economía de la historia, lo hará Elena Salgado pues piensa mantener conexión constante con el genio de Moncloa para ir sabiendo que hacer. Lástima que el líder que tiene que sacarnos de esto es alguien que le dedica unas cuantas tarde de formación económica con otro lince: Sebastián. Menudo círculo vicioso.