ESTAN CAMBIANDO LAS REGLAS

Este post es algo más denso de lo habitual. Espero poder explicar una de las preocupaciones que me invaden los últimos días y que tiene que ver con el riesgo de cambiar el tablero y las reglas de un juego en el que nuestro futuro está tatuado. Lo intentaré. Durante los últimos años, tanto Europa como los EUA han realizado un gran esfuerzo, no exento de sacrificios, para intentar que se armonizaran los métodos contables y los modelos financieros a nivel internacional. Los llamados Internacional Financial Reporting Standards se han ido convalidando con los Generally Accepted Accounting Principles of the USA. Mucha gente desconoce que los sistemas de calibrado financiero son distintos entre nuestro entorno euro y los americanos. Pues bien, en los últimos tiempos ese objetivo de consensuar un mecanismo único a nivel mundial parecía una probabilidad inmediata. La verdad es que no solo es deseable que así sea, sino que es casi imprescindible para darle credibilidad a los elementos de medida y análisis de la economía mundial. Sin embargo nuestro gozo en un pozo.

La crisis del sistema financiero internacional ha derrumbado todo lo hecho en ese sentido y ha obligado a implantar modificaciones al proyecto de reforma global. Por ejemplo, una de las más desagradables hace referencia a la posibilidad de que determinados activos puedan ser reclasificados sin previo aviso, de manera que se permite a una entidad de gestión patrimonial valorar sus activos al valor que se considere de mercado. Así se evita aflorar las pérdidas derivadas que tener esos activos puede representar. Hablando en plata, que ahora no se exige reconocer las pérdidas.

Sé que estáis pensando que eso no es lícito. No lo es. Es como cambiar las reglas del juego cuando te conviene. Unas nuevas normas que traerán graves consecuencias para todos. Desde ahora, y gracias a esta crisis curiosamente, es mucho más difícil conocer la verdadera situación de un negocio en base a sus resultados presentados a nivel financiero. Es contradictorio, lo lógico sería que una crisis del sistema obligara a mejorar los mecanismos de transparencia en la gestión, en la contabilidad y en el flujo financiero. Como ayer comentábamos, esta recesión trae consigo más opacidad y más oligarquía inútil.

Para los que asesoramos a inversores, ahora es mucho más complejo hacer nuestro trabajo. Se ha complicado mucho encontrar información financiera diáfana, la mayoría empiezan a no reflejar claramente la situación de las empresas cotizadas. Hay quien dice que esto no es tan grave, que siempre ha sucedido y que el maquillaje contable es una realidad de la que no podemos abstraernos. Falso, así nunca había pasado. Este cambio de normas solo favorece a los que han tenido una mala gestión de su negocio e imposibilita la competencia adecuada. Estamos ante una nueva ración de mentiras que son muy nocivas para la economía en general y que tarde o temprano llegará a la economía real.

Hay que tener en cuenta que cambiar las reglas genera ineficiencias en la bolsa ya que coloca al nivel de los notables a los suspensos. Está claro quien va a pagar todo esto. ¿Lo adivináis? Exacto, los contribuyentes. A cambio, los artífices de esos cambios argumentan que se están produciendo en un momento de grave crisis y en un contexto que lo exige. Sin embargo eso es otra falacia. No podemos aceptar que las reglas se exceptúen cuando interese, sería como decir que los mercados financieros solo son fiables en épocas de crecimiento e incluso en etapas de burbujas incontrolables. No me lo trago.

Seguramente esa variante de la regla reconocida en un escenario como el actual permitirá sobrevolar la situación a corto plazo, pero en un futuro algo más general todos estos cambios y excepciones van a repercutir en un ambiente falseado y de escasa credibilidad que repercutirá finalmente en una falta de confianza estructural. Esa falta de confianza fue la que nos puso entre la espada y la pared hace un par de veranos y no hay manera de que algunos aprendan la lección.