MAQUILLAR EL DETERIORO

Uno de mis diarios franceses predilectos, La Tribune, se descargó este domingo con un artículo de Sophie Rolland en el que hace referencia a la reconsideración de Moody’s y la solvencia de nuestros bancos. Concretamente dice que la agencia revisará el conjunto de instituciones financieras de la Península Ibérica. La mayoría de las calificaciones de deuda senior y de los títulos híbridos emitidos por estos bancos debería revisarse a la baja. El artículo se refiere exactamente en estos términos: “Durante algún tiempo alejados de la crisis financiera, los bancos españoles sufren cada vez más el deterioro de la situación económica. Los resultados del primer trimestre han venido a ilustrar las dificultades del sector bancario: los beneficios acumulados por las cinco instituciones financieras más importantes españolas han retrocedido un 18%. Moody´s anticipa que ‘la continuación del deterioro de la calidad de activos de los bancos españoles’ esta semana ha degradado las calificaciones de solidez financiera de 36 instituciones. Además, contempla la posibilidad de degradar las clasificaciones de la deuda"

Será por esto o por lo otro que bancos y cajas se han lanzado a la carrera de las participaciones preferentes y han anunciado emisiones por importe de casi 10.000 millones de euros. Debo explicar que las participaciones preferentes rescatan los ratios de solvencia de las entidades financieras en un momento en que los inversores de los mercados de todo el mundo tienen sus modelos de análisis en referencias como el 'core capital' y el 'Tier1' a la hora de tomar decisiones de compra y venta de títulos. Seguimos con esa dinámica de maquillarlo todo.

Este tipo de preferentes son un instrumento complejo y de riesgo elevado que puede generar rentabilidad, pero también pérdidas en el capital dependiendo de la situación del mercado. En resumen y traduciendo en lenguaje plano, que su retribución está condicionada a los beneficios del emisor, y sólo pueden amortizarse si la entidad lo considera adecuado.

Es curioso que los bancos y cajas basen estas acciones en participaciones preferentes que no cotizan en Bolsa, sino que se negocian en un mercado organizado, y aunque pueden tener un contrato de liquidez ésta es limitada, por lo que no es fácil deshacer la inversión una vez realizada. Este tipo de escenarios no otorgan transparencia y confianza, precisamente lo que más se necesita ahora.