SEROTONINA ACTIVISTA

Ninos-budistas Cuando el gran orador Adlai Stevenson, que se disputaba la Presidencia de los Estados Unidos frente a Dwight Eisenhower, finalizó uno de los actos de campaña del Partido Demócrata en 1952, una mujer se le acercó y le aseguró que “todas las personas que piensen, le votarán”. Stevenson le respondió: ”Señora, eso no es suficiente, necesito una mayoría”. Curiosamente son muchos los ejemplos en la actualidad política que nos pueden acercar a ese instante. Hoy en día parece haberse instalado un mecanismo en el córtex cerebral de mucha gente que le impide darse cuenta de lo que está pasando.

Se sabe, y así se puede atender en el libro, que me recomendó la experta en activismo Alana Moceri“The Political Brain” de Drew Westen, que un tercio de los seguidores de una organización se justifican así mismos en el ejercicio de su propia militancia a medida que aceptan como suyos esos criterios y directrices aun cuando no lo eran hasta hace poco. Está estudiado y al parecer tiene una referencia en psicología, que existe un extraño mecanismo que en la militancia política consigue ejercer la justificación de casi todo, incluso lo injustificable, si viene de la dirección del propio partido u organización.

Ese aproximadamente 30% puede ser mayor cuando el escenario es preelectoral. Lo normal es que ese gran número de seguidores de un ideario razone en una sola dirección y genere las propias respuestas que reafirman ese criterio, cuando en realidad no deja de ser una apuesta por las directrices que les hacen llegar de mil modos.

El premio involuntario se produce en el inconsciente y permite que, por ejemplo, se segregue mayor cantidad de serotonina cuando el individuo en cuestión descubre que “coincide” plenamente con las ideas de su partido, lo que le concede seguridad intelectual y sentido a su propia militancia, le hace feliz y lo tranquiliza. Curioso.

Es una de las explicaciones posible a que con la garantía de casi un aumento de un millón de parados en este país en un año, un IPC deflacionario, un PIB en cifras negativas inéditas y en la antesala de la hostia más grande que se ha dado este país en los últimos 70 años, todavía hay quien diga que los responsables son los que ahora no gobiernan, que los males son heredados y que la víctima de todo ello es un pobre gobierno socialista y obrero que hace lo que puede ante semejante tormenta internacional.

Seguramente esos mecanismos cerebrales que impiden entender que hay que mirar hacia dentro a veces serán los que provocarán los recelos a este artículo. Es posible, pero ahora ya sabemos uno de los porqués, los otros los encontraremos en los sueldos públicos y derivados, en las prebendas y en el miedo injustificado de totalitarismos predemocráticos.

Por cierto, este mecanismo sirve para militantes y seguidores de unos y para otros. Aquí no hay cerebro que se libre. A veces pienso si no será que segrego poca seretonina…