PLAN EX

España está en carne viva. Una trinchera la recorre de punta a punta. El dichoso plan E ha puesto a todos los municipios de este país en estado de emergencia. Entre unos y otros las obras menores que debían actuar como revulsivo en el empleo están suponiendo un suplicio. Lo peor no es que sean muy incómodas en la mayoría de los casos, que también, lo duro es comprobar esa urgencia ridícula por realizar obras de escasa importancia, improvisadas en la mayoría de los casos y que están permitiendo “engañar” a los manuales de economía básica. Una teoría que dice que  cuando un país crece en negativo es imposible que genere empleo. Obviamente no estamos creando ocupación pero el gigantesco fiasco que supone toda esta merienda del Plan E ayuda al discurso oficial del “principio de la salida de la crisis”. Este país necesita crecer alrededor del 2,4% para crear ocupación y mientras decrezca al -3,9% lo único que puede estar haciendo es devorar ocupación en términos desestacionados.

Por cierto, esto va con todos, con los que deberían proponer ideas eficientes y los que optan por mirarse su ombligo de oposición inservible. Tanto los de Ferraz como los de Génova actúan bajo el estigma del partidismo que les aleja de la realidad, del coche oficial genético que les impide ver más allá de su propia nariz y del grito hiriente del mitinero vacío que no ayuda a la reflexión.

El dinero del Fondo de Inversión Local está agotado y en consecuencia la licitación oficial vuelve a caer. Y ahora lo hace de verdad. Algo más de un 47% en abril respecto del mismo mes del año anterior. El deterioro de este indicador demuestra que estamos vendidos para combatir la recesión mediante acciones anticíclicas. Este desplome tiene que ver con las paladas de dinero que puso el Gobierno a disposición de los ayuntamientos para contratar obras menores de carácter municipal. En consecuencia lo que no logra el gobierno activar es la inversión pública en obra civil o en edificación no residencial. Según el propio Ministerio de Economía esto se debe al impacto del Plan E, lo que no deja de ser para retorcerse. Apartaron la obra pública de envergadura para “salvar” parte del sector constructor. Se pasó de atender un escenario futuro estructural por una apuesta en un tipo de inversión que se evidenciará perjudicial a corto plazo.

Por ahora los 27.701 proyectos ya financiados a cargo del Plan E representan cerca del 90% de la totalidad de las obras aprobadas por el Gobierno al cumplir con los requisitos, y que ascienden a 30.772. Hasta el momento, la Hacienda Pública ha liberado 4.804 millones de euros a 7.493 municipios, lo que representa que ya se ha gastado el 70% de lo presupuestado. Según el Gobierno el Fondo ha permitido la creación de 384.214 empleos. ¿Se imaginan que esos 8000 millones se repartieran a fondo perdido a 8000 empresarios pequeños bajo unos criterios entre los que destacaría la exigencia de contratar a 20 trabajadores durante 2 años?

Hemos pasado de la inversión para incrementar el gasto publico y así fabricar brotes verdes ideales en campaña electoral, después se pasa a la evidencia que el dinero se está agotando y que no hay manera de colocar deuda pública que pueda calmar el apetito del Estado por lo que se pasa a una subida de impuestos alevosa. Antes de ir a votar se plantaron 30.772 carteles para informar a los españoles que el gobierno se preocupaba por ellos. Pero la verdad pesa como el plomo.

La evidencia será que los empleos generados por dicho plan desaparecerán como llegaron, pues su valor estructural es nulo. Sin embargo la deuda generada se quedará. Estamos en manos de gente peligrosa. Es una insensatez endeudarse hasta las cejas para cambiar las baldosas hidráulicas de una acera por otras mucho más modernas. La mayoría de obras realizadas son de vergüenza ajena por la ineficiencia que suponen, por lo innecesarias en términos estructurales y por lo costoso de hacerlo a un mismo tiempo. Es pueril disculpar todo eso con el hecho de que se crea empleo, es tratar a los españoles de tarugos. Lo peor de esas obras es que además no generan valor ni ingreso alguno que pueda suponer una devolución de la inversión adeudada.

El asunto es tan preocupante que es mejor tomárselo con cierto humor. Este gobierno considera que ocupando cien parados para cavar zanjas y luego ocupar a otros cien para que las tapen, se genera el ciclo de la riqueza y, por derivación divina, éstos van a emprender proyectos que ocupen a unos cien y permita cobrar ayudas públicas al otro centenar. Según ellos el resultado serían doscientos consumidores apasionados por devolverle la vitalidad a nuestro maltrecho ciclo de consumo.

La capacidad para redirigir esta situación es escasa. El empequeñecimiento de la inversión en infraestructuras muestra que el gobierno no asumió nunca el tamaño de la crisis. No pensaron que la caída de ingresos del Estado se reduciría a una cuarta parte mientras que el gasto se debería de incrementar en costes de todo tipo vinculados al paro y a los programas de acción paliativa como el Plan E, las ayudas de todo tipo, etc.

Además, el Estado ya no tiene posibilidades de ser arbitrario en el gasto ni puede hacerlo de modo discrecional pues ya no tiene permiso para solicitar financiación crediticia extraordinaria para la financiación de ninguna obra destacada. En otoño esto va a dar miedo. La crisis empezará a golpear de pleno a todos los sectores, incluidos los “intocables”. Será un momento dramático  para los que tenemos proyectos empresariales en marcha. Sin embargo, los dedujimos la intensidad de la situación y nos pusimos a preparar esas compañías para la fase más exhaustiva del proceso tenemos alguna opción. No sé cuantas sobrevivirán, pero si sé que las que tuvieron precaución y atendieron a una estrategia que incorporaba estos tres años de parada técnica de la economía tendrán más opciones.

El gobierno la negó, la prensa la obvió y la oposición ni se enteró, pero la crisis más grave que ha vivido este país desde la guerra civil al final cristalizará y entonces muchos de esos que ahora esperan agarrarse a los matorrales verdes se lanzarán a la yugular de todos ellos. El plan Ex es un terrible engaño, una zanahoria que muestra un camino erróneo mientras ganan tiempo. Lo malo es que no tenemos tiempo, se agota como se agotan los recursos.