EL DOLAR FANTASMA

SUSHI
Mientras que el oro ha triplicado su valor en los últimos ocho años, el dólar lo ha reducido en un 67% frente al euro en el mismo período. Está claro que uno de los motivos por los que el oro sube es la preocupación de que la creciente deuda de Estados Unidos continúe debilitando el dólar. El presidente Barack Obama ha aumentado la deuda negociable del país a un nivel sin precedentes. Lo ha metido a 7,1 billones de dólares, al tiempo que el Gobierno se endeuda para reactivar el crecimiento. Goldman Sachs Group pronostica que Estados Unidos venderá deuda por unos 2,9 billones de dólares en los dos años que concluyen en septiembre de 2010. Algunas de las cifras que se empiezan a tocar son inasumibles y lo saben. 

Del oro hablaremos esta semana e intentaremos escudriñar algunas causas de su revalorización desmesurada, pero hoy vamos a remontarnos a la madrugada del jueves al viernes de la semana pasada. A las 4 de la mañana hora española, los que estábamos viviendo en directo algunas de las órdenes que los bancos centrales asiáticos estaban dando, se nos hizo un nudo en el estómago. Guardando las distancias y, sobretodo, el bien en curso, aquello se parecía muchísimo a las órdenes sin mesura que se lanzaron el mítico 17 de agosto de 2007. Similar a cuando los bancos centrales que, al ver como el sistema devoraba los paquetes tóxicos sin poder venderlos al descubrir de que estaban hechos, empezó a pinchar la burbuja financiera en la que vivía el planeta. 

Pues bien, la semana pasada nadie quería dólares. El primer aviso viene de oriente y las órdenes para salvar una divisa devaluada conscientemente por la Reserva Federal fueron imprescindibles para unos mercados financieros que no pueden permitirse el lujo de ver caer el valor de sus inversiones en dólares. Por eso algunos decidieron suicidarse. En menos de 2 horas el importe de compra de dólares contra sus propias divisas fue equivalente a la segunda complementaria inyección de liquidez que la Unión Europea estipuló cuando empezó la crisis financiera. 

A los que nos apasionan los mercados asiáticos por el condicionante de “futuros” que tiene, vivimos una de esas noches épicas. Vimos intervenir en los mercados de divisas a seis bancos centrales para apuntalar el dólar. La preocupación de que sus monedas locales estuvieran subiendo demasiado rápido era un virus por el que debían vacunar a sus economías.

Curiosamente el primero en dar órdenes de huida fue el banco central de Tailandia. Se confirmaba la caída irremediable de la moneda americana y nadie sabía a ciencia cierta el motivo. Desde Bangkok se sucedieron las órdenes de compra hasta la extenuación. De hecho, algunos de los excesos que se cometieron entre las 5 y las 6 de la mañana, hora española, se pagarán caro a medio plazo pues supera cualquier fundamento de la economía interdivisa. El baht (moneda tailandesa) precisó de venta cuando nadie quería venderlo y el dólar fue comprado cuando nadie quería tener uno solo. Artificios.

Pero no fueron sólo los bancos asiáticos los que intervinieron el pasado viernes. El banco central de Rusia, recibiendo órdenes directas del Ministerio de Economía moscovita se dispuso a la compra de dólares sin reparo. A las 7 de la mañana, a medida que cerraba el primer circuito de mercados de divisas, el ruso era el segundo banco que más dólares había comprado tras el tailandés. ¿Curioso? No mucho. Miren en que venden los del rublo. Exacto, en dólares. Aquí todo cristo intenta mantener una moneda muerta porque nadie sabe como jubilarla sin cargarse el sistema.

Son muchas las voces que describieron el principio de la quiebra definitiva del sistema financiero mundial de este modo. Dudo que sea el momento, no tengo claro si, en el caso de que se produzca, lo sabremos que se esté produciendo. Tal vez nos ocultarán el cataclismo, saben como hacerlo. Ni nos enteraremos, lo pagarán los de siempre. Lo que si sé, no obstante, es que por mucho que hablen de “fin de la recesión” o “principio de la recuperación”, la verdad es que se aproxima una segunda ola de mierda.