Sobre la subida de impuestos

Ha llegado el momento de hablar de impuestos. Sabemos hace tiempo que nos los iban a subir y por ello hemos intentado dar consejos para que nos sea lo más leve posible. Como es normal los presupuestos de ayer obtuvieron el rechazo absoluto de los grupos políticos del Congreso. Sin embargo estoy seguro que Salgado se guarda un as de tipo fiscal para captar por lo menos los siete votos que precisan entre los diputados del montón.
Preocupa que este documento esté basado en unas previsiones que no se van a cumplir ni hartos de vino. Las estimaciones del gobierno hablan de una recesión mínima alrededor del -0,3%, una inflación en el 0,1% y unos costes laborales con un crecimiento nulo. Dicen, y no se ruborizan, que el desempleo seguirá aumentando, exactamente en 303.500 personas, elevando el número medio de parados hasta el 18,9% de la población activa, más del doble de la media europea. Creen que la inversión seguirá cayendo en tasas del 4,6% y que el consumo de las familias se deshinchará pero a un ritmo muy leve.

El Gobierno ha presentado un presupuesto muy condicionado por el fuerte aumento del déficit público y con la obligación de reducirlo al 3% para cumplir el plan de estabilidad de la UE en el año 2012. Ellos hablan de que el déficit acabará en el 9,5% del PIB en el 2009 y en el 8,1% en el 2010. Si fuera así el Estado gastaría 200.000 millones más de lo que tiene previsto recaudar. Un desequilibrio financiero que elevará la deuda al 62,5% del PIB, cerca de 640.000 millones de euros duplicándose en si misma en tan solo un par de años. El problema es que esas cifras se quedan muy cortas. El déficit este año alcanzará el 14% y el año que viene apenas lo reducirán y el coste final sobrepasará los 300.000 millones. Es por eso, y lo saben, que el Gobierno ha dejado de lado el peso plomizo que suponen las medidas recaudatorias de subida de impuestos y se ha puesto manos a la obra. Saben que van contrarreloj, que el tiempo se acaba y que el agujero no hace más que crecer. Alguien les ha demostrado con bolitas y palitos que la han fastidiado. El ejecutivo está asustado y por eso busca in extremis solucionar el desaguisado. Los que lo descubrieron a tiempo han salido corriendo como ratas. 

Lo grave no es tanto el boquete que a las cuentas y a la economía va a provocar este asunto, lo duro es comprobar como el Gobierno ha dejado para otros tiempos el inicio de la transición a un nuevo modelo económico. Pueden hablar y hablar, decir que estos son los presupuestos del cambio de modelo pero la verdad es cruda y se sirve con picatostes. El gasto en I+D y las inversiones en infraestructuras de modernización ha sido sacrificado con tal de atajar un déficit público que se vislumbra como el mayor problema de la economía española en el futuro.

La merienda se pone fea y se ve claramente en partidas como la del pago de intereses de la deuda que alcanzará los 23.267 millones, el 6,6% del conjunto de gasto de las administraciones públicas. Se trata de la partida presupuestaria que más crece, junto al pago de las percepciones por desempleo, que aumentan en cerca de 59% hasta representar 30.612 millones. De nuevo será insuficiente. Los intereses llegarán a los 50.000 millones y el desempleo será un 7 u 8% mayor del previsto por los mandamases.

El gasto en el sector público debe cortarse. Las cifras que algunos miembros y ex miembros del gobierno manejan dan miedo. Realmente nadie sabe cual será el déficit del sector público este año, pero las apuestas ya alcanzan el 12 y el 14% respecto al PIB. En cualquier caso muy por encima de lo razonable y sobretodo de lo prudente. Una parte de ese déficit proviene de la bajada de recaudación de impuestos y de las subidas de prestaciones sociales por culpa de una crisis que obviaron y una recesión que negaron hasta que se ha evidenciado con tal virulencia que ya no se puede usar la sinonimia por más tiempo.

Los estabilizadores automáticos han actuado como se preveía. De ahí su nombre. Son los mecanismos que el Estado tiene para activar el déficit cuando la economía lo precisa. El problema es que no ha funcionado bien. El gasto ha sido discrecional y ha actuado sobre aspectos ineficientes. Obra publica rápida, barata, propagandística y vinculada a crear un empleo efímero e inservible en términos estructurales. Ahora se debe actuar de modo responsable y las inversiones públicas precisaban de gastos justificados y transparentes al estilo www.recovery.gov donde el gobierno de Obama da muestras de que es eso de mostrarse diáfano y claro.

El gobierno no puede esperar más y sabe que la factura de todo esto se debe pagar ya. Un déficit desbocado sólo puede atajarse de tres modos: bajando el gasto público, emitiendo deuda o subiendo impuestos. Zapatero ha escogido la última. Esta medida no solo es un riesgo en si misma sino que en contraproducente pues las previsiones indican que en 2010 esto va a ser un lodazal que no se va a mostrar muy receptivo a pagar impuestos. Familias debiendo su propio valor por dos, empresas sobreviviendo, bancos con mora inasumible y un déficit estructural irreducible serán los patrones con los que tendremos que barajar las cartas. A medida que entremos en el invierno la pesadumbre y los datos se irán instalando en un gris húmedo y desagradable. Por eso aumentar la presión fiscal es un suicidio. Es que vivimos en un despropósito gigantesco. Por ejemplo, si el gasto discrecional de estímulo se tuviera que reducir en 2010 querrá decir que la presión tributaria sumará como elemento de contracción en la economía y como consecuencia una recaudación aun menor.

Esta purga fiscal va a acabar por desmontar el tinglado. Vamos a tener recesión para largo. Se acercan los efectos colaterales a la clase media, ese grupo de gente que considera que aunque estamos en crisis ellos no lo notan. Tengo malas noticias, y mañana hablaré de ello, la hostia que se les prepara es de medalla. Van a pillar como todos, pero la clase media vamos a recibir más y durante más tiempo.

Por cierto, aunque el G20 parece un encuentro de canapé y globo, hay que destacar que ese grupo representa un consenso internacional que va en dirección contraria a la del gobierno español. Aquí los estímulos no han tenido demasiado efecto en la reactivación de la economía por lo que subir impuestos es como envenenar al enfermo. Gobernar no es improvisar, te lo dice la historia.