LA DIGNITAT DE CATALUNYA

Si alguien os encarga un trabajo en equipo de suma importancia y trascendencia, y durante casi cuatro años vais mareando la perdiz hasta el punto que parece que os pasáis el tema por el arco del triunfo, ¿estaríais de acuerdo en que os cesaran? La dignidad de un pueblo, nación o estado se mide por el grado de respeto que le transmiten aquellos que se lo deben. No es de recibo, independientemente de si se está a favor de lo que defiende el nuevo Estatut, que durante tanto tiempo se pretenda hacer creer que se está deliberando algo. Es una humillación supina y una falta de valentía y profesionalidad absoluta. Por lo primero se merecen la bronca y por lo segundo el cese fulminante. Soy catalán y merezco un respeto, tanto como cualquier otro ciudadano de cualquier territorio, por eso exijo, como hoy ha hecho en gran medida la sociedad civil catalana, un poco de dignidad y respeto. 

No tiene que ver tanto con el contenido de una carta magna que yo puedo considerar incluso insuficiente, sino con las normas básicas de convivencia y que los estamentos del poder público deben atender. El descrédito del Tribunal Constitucional es absoluto y su retraso un insulto. Cada día que pasa pone más en entredicho que unos cuantos jueces puedan tener en sus manos el poder absoluto de liquidar todo el proceso sociopolítico que se emprendió hace ya 7 años. Cada día que pasa muestra más a las claras la tomadura de pelo, caldea el ambiente y justifica a los que ven en el justo e histórico derecho de los catalanes a construir nuestro propio destino un ataque a la nación española. La irresponsabilidad del TC es de juzgado de primera instancia.