Corralito, el griego y otros

Como ya se ha publicado, el gobierno griego presentó la pasada semana un plan de ajuste fiscal con el fin de reducir 4 puntos su déficit público oficial, desde el 12,7% del PIB en 2009 hasta el 8,7% en 2010. No lo lograrán. Aun así, eso no es lo importante, lo destacable y que ha pasado de puntillas por los rotativos de este país, es que el ministro de Finanzas, George Papaconstantinou, anunció que prohibiría las transacciones en efectivo que superen los 1500 euros en 10 meses. Supongo que sucederá antes (noviembre) pero ya es un tema a tener en cuenta. Las otras medidas que aportó el susodicho son las esperadas para ajustar el déficit: retrasar la edad de jubilación, rebajar el sueldo a los funcionarios, aumentar los impuestos y la tributación de diversos productos y se eliminar las exenciones fiscales de muchos patrones económicos.
Sin buscar paralelismos entre Grecia y España éstos aparecen, pero no debemos utilizar la rápida relación de cifras y conceptos. Obviemos ese hecho y asumamos lo grave que es, per se, que un país de la unión formalice un “corralito” técnico de manera independiente. El riesgo de infección es altísimo. Al parecer el objetivo de este plan consiste en tratar de combatir la economía sumergida del 30% del PIB. Según la nota del propio ministerio griego “a partir del 1 de enero de 2011, cada transacción superior a los 1.500 euros entre personas físicas y empresas, o entre empresas, será considerada ilegal si se hace en efectivo. Este tipo de transacciones tendrá que realizarse a través de tarjetas de crédito o débito” lo que viene a ser un “corralito” técnico vía “apuntes contables”.

El ajuste via “corralito” no tiene que ver con una mala situación del sector financiero en exclusiva, sino que atiende otros elementos que pueden conducir sin remedio a una prohibición de tráfico líquido. La evasión fiscal y la fuga de capitales cercana a los 10.000 millones pone en emergencia el modelo financiero griego.

Grecia va a salir carísima. Al tiempo. Europa está ejecutando medidas en secreto, eso parece evidente, y no se comunicará el alcance de las mismas hasta que se pueda decir que “lo peor ya ha pasado. El miedo a la transmisión del problema griego a otras economías provoca esa parálisis informativa. Los ministros de la eurozona no desvelarán qué medidas concretas tienen previsto adoptar si se hace necesario un rescate ni cuál será la contribución financiera de cada Estado miembro. Lo han dicho ellos mismos sin inmutarse. Esta gente se ruboriza si dicen la verdad. No tengo claro que a la banca les interese participar de ese “rescate”. Recordad como se negó la mayor en su día y ahora, dos años después rechaza el hecho de que el sistema financiero internacional estuvo al borde de la quiebra sistémica. Ahora lo dicen, entonces callaron. Ahora nos dan la razón, entonces éramos catastrofistas.

A estos efectos cabe recordar que los bancos de la eurozona que han comprado bonos griegos los han pignorado pues el BCE los acepta como garantía. Éstos han recibido crédito al 1% del BCE por la misma cuantía curiosamente. Por eso, mientras que el bono griego no se declare impagado ese negocio les da a los bancos un 3% de diferencial. La verdad es siniestra pues, si el bono griego quiebra, el negocio no ha sido tan malo para esos bancos. El coste lo pagarán los europeos cuyo circulante aumentará por importe similar a la deuda griega.

En España, está por ver si llega o no una prohibición de retirada de depósitos. Obviamente no será por la acción bancaria, el sistema ya tiene un airbag vergonzante que ha impedido que el veneno de la fuga de capitales se produjera si alguna entidad quebraba de modo visible. Aquí el FROB ha permitido retrasar e incluso evitar un corralito real. Ahora bien, eso se pagará. Las cosas que tienen costes inasumibles acaban siendo un problema grave. De momento el único “corralito” técnico y localizado que hemos vivido en España es el de Banif. Hace justo doce meses, la que sigue siendo la mayor inmobiliaria española anunciaba que suspendía tanto las entradas como las salidas de dinero, ante la fuerte avalancha de reembolsos que había recibido. Y muy pocas novedades ha habido al respecto desde entonces.

El modelo quebrado de Banif es un muro al reembolso de capital invertido que sigue vigente y que sólo ha permitido que el 10% del depositado se pueda haber retirado. Por lo que sabemos habrá otros casos similares en los próximos meses. Seguramente no será generalizado pero no descarto que pueda alcanzar a fondos aparentemente muy seguros.