Prepara La Cartera

Imagina un acantilado al que te acercas peligrosamente. Una vez estás frente al punto final decides empezar a construir una pasarela sujeta únicamente por la base más cercana a tus pies. Al otro lado nada, sólo el vacío. Como debes seguir caminando ya que ese es tu destino, vas añadiendo tablas a ese puente sin apoyos. A medida que parece menos sostenible aceleras el ritmo de construcción y a su vez lo haces más ancho  y más largo. Sabemos que tarde o temprano cederá, es cuestión de tiempo. Mientras tanto las obras de sujeción de la plataforma cada vez son más caras, pues la presión hacia el fondo es mayor y los contrapesos que precisa el único punto de apoyo deben ser más pesados y mucho más caros.
Lo bueno del plan de rescate encubierto que hoy ha provocado la euforia en los mercados es que parece lo único que de momento se puede hacer. Ahora bien, cabe definir lo que supone y lo que es. Ese dinero no deja de ser un paquete que saldrá de emitir más deuda pública en un escenario en el que es la deuda pública la que ha generado este agujero. Es como querer apagar un incendio con gasolina. Ahora ya sabemos que, entre el riesgo inflacionista y la posibilidad de un default de algún país europeo, la Unión Europea ha asumido el primer peligro.

Que la bolsa esté subiendo hoy es normal, lo que no es normal es la generalizada alegría de quienes van a pagar este guiso. Alemania ya ha empezado a  comprar deuda española a fin de que no colapsemos. Recuerden que Zapatero aseguró que era “una locura” que España necesitara dinero para cubrir su deuda. El jueves pedía a la banca española que se hiciera cargo de unos vencimientos y hoy calla como un ratón al ver como nos compra papel el Bundesbank.

¡Que bien! Ya tenemos compradores para colocar los vencimientos. Es normal que lo hagan, yo también lo haré durante un tiempo. Ahora ya sabemos que el riesgo de impago ha desaparecido pues el dinero con el que los alemanes, franceses y británicos compran nuestra deuda es el montante del crédito que ellos van a disfrutar y que nosotros vamos a pagar con nuestros impuestos.

Es habitual que el ciudadano de a píe asuma como bueno este tipo de asuntos. Las grandes decisiones políticas quedan lejos de la vida cotidiana. Es normal que ante tanta cháchara financiera, una decisión como la de disponer casi un billón de euros para rescatar países glotones y despilfarradores sea bien tomada pues no se adentran en el fondo del  asunto. ¿Quién paga todo esto?

Lo pagaremos todos pero se nutrirán unos pocos. De hecho es algo que no podía demorarse más. Francia y Alemania han decidido crear la deuda pública europea y por derivación cargarse el modelo de deudas domésticas que tanto daño está haciendo al euro. A partir de ahora éstos dos gigantes avalan toda la operativa que salve a los portugueses, españoles, italianos, irlandeses y griegos a cambio de controlar todo el mercado.

Los alemanes han dejado de negarse en redondo a ayudar a países como el nuestro a entender que si caemos, ellos también caen. Es el viejo chiste del “a que no nos haremos daño”. Ahora ya sabemos que no caeremos, por lo menos no en breve, lo único, que no es poco, es que veremos una reducción sustancial de servicios y beneficios públicos. Será de forma tremendamente importante e de manera inmediata pues, aunque la reducción de déficit impuesta a España es leve, es urgente según nuestros padrinos berlineses.

Otro símil. Tu familia acude en tu rescate aunque tú no asumías públicamente que estabas en bancarrota. Te compran cosas para que puedan ser un depósito a plazo. Lo recuperarás a medida que puedas pagar el coste de las ayudas. De momento con el líquido obtenido intentas remontar tu situación. Para que todo fluya prometes que te portarás bien y que gastarás menos. Parece obvio que tus familiares, los que te han permitido que eso sea así empiecen a partir de entonces a fiscalizar tu actividad. Eso nos va a pasar a los españolitos y Zapatero será el primer español en saborear el “corralito”, en este caso el “presupuestario”.

Al parecer, una de las consecuencias del bollo europeo de casi un billón de euros es que supondrá un recorte presupuestario sin precedentes para España. Alemanes y franceses van a disfrutar de lo lindo con nuestra “economía de Champions League”.  Esperan urgentemente un plan detallado y concreto que muestre como vamos a pagar el soporte y como vamos a reducir el gasto.

¿Estáis preparados para pagar más a cambio de menos servicios? Bienvenidos a la era del ajuste. Una etapa que se verá tintada de gris. Se acabaron los estímulos a la economía española, este dineral es para salvar la deuda con la que se ha pagado el montante de medidas ineficientes e inservibles que hemos puesto en marcha. Ahora, una vez nos prohíban hacer más planes E y mandingas, cuando se acaben los 420 euros y el resto de medidas humillantes, el dinero que quede será para colocar vencimientos. El dinero es para pagar deuda, no para inversiones que ayuden al crecimiento.

Por si fuera poco, y no es que quiera amargarle el día a mis excompañeros “traders” que hoy están pasando un día divertidísimo, el asunto de los bonos sin valor seguirá circulando. Imaginemos que nuestra familia nos da dinero a cambio de unos “bonos” que pueden ser unos diarios viejos o una ropa fuera de temporada. Nos ofrecen una ayuda a cambio de algo que no vale nada y a riesgo que no le devolvamos el valor del mismo pues a nosotros tampoco nos interesan ni esos periódicos viejos ni esa ropa descatalogada. Puede que nuestra familia asuma la ayuda a fondo perdido.

Por eso, el problema viene cuando con ese dinero (de todos) se emplea para comprar bonos basura. Europa sabe que todo el fondo que se utilice para comprar deuda griega es tirar el dinero. Si en un espacio breve de tiempo, antes de finalizar el año, esta medida no ha resuelto los problemas estructurales y ha dispuesto los vehículos por los que los países peor dimensionados sean capaces de reducir sus déficits, la unión monetaria quedará herida de muerte. Después de algo tan grande, tan bien recibido y con tanto coste socioeconómico, no se logran los objetivos, ya no queda ninguna bala más. Esta es el último cartucho, de hecho toda la artillería se pone en este plan. Todo, no queda nada más, está claro.