La burbuja de las reservas federales

La semana pasada pudimos leer que el Tesoro colocó 3.000 millones de euros en bonos a quince años con un cupón del 5,14%, frente al 4,44% de la subasta inmediatamente anterior. Es decir, un 15% más. Sobre una demanda que superó los 7.000 millones, el Estado captó todo lo que precisaba aunque el precio empieza a ser preocupante. Pero lo que debe inquietarnos es quién compra esta montaña de papel. China, el mayor adquiriente de bonos internacionales y propietaria de una especie de burbuja de deuda soberana imponente. Resulta que ahora se han decidido por la compra indiscriminada de bono español, portugués y griego en una carrera por aumentar la rentabilidad por riesgo. Está claro que es compra privada, como dije hace unos días, pero con un claro tufo a inversor oriental de alto voltaje. Algo de lo que me felicité hace unos días ya que el hecho que la deuda española coloque sus obligaciones es bueno en principio, pero también cabe destacar que, de las 250 órdenes por valor de 14.500 millones de euros que la pasada semana supusieron la refinanciación de unos 6.000 millones, casi un tercio era de origen oriental y otro de tipo institucional. El tercio restante, casi 90 órdenes por valor de 5.000 millones eran solicitudes de origen desconocido, por lo que podemos pensar que también eran de ámbito público.
Como decía, los chinos son los grandes compradores, pero no los únicos. También los bancos centrales van por ese derrotero. Son otros entes que van injiriendo el veneno paulatinamente. Las entidades públicas de la eurozona aumentaron recientemente las compras de títulos gubernamentales griegos, portugueses, irlandeses y españoles, de manera que se evidencian los esfuerzos para apoyar el mercado de bonos de toda la región a medida que se evidencia la crisis de deuda soberana. Hemos pasado de la burbuja tecnológica a la burbuja inmobiliaria en medio mundo, para inocular el ácido de la burbuja financiera inmediatamente. De esta última se ha pasado a la burbuja de la deuda soberana y ahora vamos engordando la burbuja de las reservas federales o nacionales. Una maravilla diseñada por expertos en burbujas que pasarán a la historia por sus burbujiles y burbujeantes burbujeras.

Pero si atendemos a la burbuja que se está fabricando en el entorno de los bancos estatales, cabe destacar que las compras se centran, hace semanas, en vencimientos de cinco años y de menos mayoritariamente. Sólo el bono griego de mayor plazo se salva de la quema a largo destino. Se confía poco en la capacidad helena de rentabilizar durante este decenio.

Para evitar suspicacias, diré que, como las transacciones son confidenciales, la mayoría de estas apreciaciones son meras especulaciones que se pueden identificar en movimientos paralelos o resultantes en otros mercados, al estilo del que mira las sombras reflejadas, te pasas el día buscando importes similares y tiempos consecutivos. No es exacto, pero puede aproximarse. También es cierto que China publica sus compras y algunos bancos no niegan lo que “algunos” operadores “nos cuentan”.

Como el rendimiento extraordinario o diferencial que los inversores exigen para tener en sus carteras títulos de esos países en lugar de deuda alemana se ha reducido en los últimos días, el Banco Central Europeo tomó la inédita decisión de comprar bonos para ayudar a la Unión Europea a contener la crisis de la deuda griega en principio y de la del resto de PIGS a continuación. Esto ha pasado hace apenas 7 días, en plena euforia mundialera y apoplejía social enrojecida.

Es público que el BCE admitió haber comprado bonos por valor superior a 4.000 millones la semana pasada, con lo que su adquisición total ya es de más de 50.000 millones. Algo no va bien y mucho me temo que seguir alimentando a la bestia no nos va a ayudar a medio plazo. Está calmada, pero está enfureciéndose. La deuda griega tiene un diferencial a niveles similares a cuando el rescate de la UE en mayo. La rentabilidad del bono griego está en niveles que todo el mundo sabe que no se pagará. Es invertir en un caballo cojo. Al 10,19% está la rentabilidad griega, muy similar a lo que deben estar los bonos que emite la constructora de mi vecino del tercero.

El futuro sigue su curso, apretando los bordes, estrechando el camino, pero con opciones para los que entiendan que las opciones estarán en la diversificación y en la atomización de recursos. Esperar que desde el propio estado se dinamice la economía es una ilusión que puede llevar a la ruina a muchos. Primero porque a medida que la burbuja de los bancos centrales se evidencie, esta retrocederá como un boomerang: primero atacará a los propios fondos soberanos, luego al sector financiero, privado y finalmente el inmediatamente local.

Si nadie detiene la enloquecida carrera por maquillar la crisis de deuda soberana asumiendo que los bancos centrales no deben desvestir al muerto, al final esto va a ser peor de lo que ye debía haber sido. Una crisis contundente se debe de pasar con todas sus consecuencias, pero seguir incorporando cartón piedra es un error que tarde o temprano, por culpa de un buen número de insensatos que quieren no perder su sillón de alcántara y su visa oro sin límite, pagaremos todos. Cabe una solución, todavía es factible, y es dejar caer a quien deba caer.

La reconstrucción del sistema sólo se formalizará adecuadamente si éste se modela desde sus cimientos. Poco a poco, pero con decisión, con política inteligente y políticos honestos. Ya se qué estáis pensando

Esta es la columna en Cotizalia del pasado viernes.