Chile y la nueva economía

Chile es la economía más abierta internacionalmente de toda Latinoamérica. Aunque esa exposición puede determinar un riesgo cuando el planeta se debate entre una nueva recesión o la salida definitiva de la crisis, la verdad es que en términos técnicos Chile está muy por delante de otros países de su entorno en cuanto a la interpretación que sus empresas hacen de la Nueva Economía. Estos días estoy recorriendo diversos países del Cono Sur primero y de Centroamérica después. La verdad es que implementar negocio en esta parte del mundo tiene grandes dificultades y aunque también supone retos en lo personal y en lo profesional, lo más destacable es el conocimiento de un nuevo escenario para desarrollar proyectos. En ese sentido, Chile destaca por su seriedad empresarial e institucional y por la homologación inminente a los estándares europeos en alguno de sus dinámicas digitales sobretodo.
Si dejamos de lado los graves desequilibrios que permanecen y que representan una dificultad enorme para lograr esos objetivos de modernidad pendiente, la realidad de Chile es muy alentadora. Mientras medio mundo se movía en cifras negativas, este país mantenía un crecimiento superior al 4% sin demasiados problemas.

Chile creció al 7,1% en mayo. Casi nada. En junio será similar, lo que muestra una cada vez más sólida escena de mejora que enlaza con lo que se viene a llamar la “reconstrucción” tras el terremoto. El único riesgo que en estos momentos tiene la economía chilena proviene del exterior. Pero si algo destaca en el nuevo modelo económico de este país es su vinculación creciente al territorio digital.

La penetración de Internet en Chile es la más alta de América tras Estados Unidos y el acceso móvil a la red por parte de los chilenos es altísimo, casi un 70% de ellos entran vía dispositivos móviles o derivados. Además, un alto porcentaje son usuarios activos de los entornos sociales. Facebook tiene más de 6 millones de clientes chilenos, un 35% de la población total del país. Por poner una comparación diremos que en México no llegan ni al 9%.  Sólo Colombia, Argentina y Venezuela se acercan, pero a más de 10 puntos de distancia. Lo de Chile y el uso de las redes sociales es algo a estudiar y a tener en cuenta. El terremoto significó un antes y un después en el uso de Facebook y sobretodo Twitter. Esta segunda pasó de apenas 70.000 usuarios antes de febrero a medio millón en cuatro meses.

Lo sorprendente es que el uso que hacen los chilenos de la red y de su acceso multiplataforma es tremendamente pragmático. Las redes sociales no son un territorio místico donde se ha conceptualizado una especie de mensaje mesiánico que proporciona valor a quien no lo tiene o donde las formas son más importantes que el fondo. Todo lo contrario que pasa en España donde parece que hemos llegado a vincular el uso del Social Media con algo etéreo, espiritual y que se convierte en si mismo en el objetivo de la comunicación digital en lugar de ser un mecanismo por el cual esa comunicación se logra.

Al final resultará que en Latinoamérica, donde vinimos algunos a desarrollar negocios digitales creyendo que exportaríamos know how, acabaremos aprendiendo más que enseñando. Si no es aprender, si será comprender. Está claro que podemos mostrar usos y estrategias que no se conocen en esos países, pero las dosis de realismo y de uso práctico de todo ello suponen toneladas de modestia que los europeos necesitamos digerir si queremos hacer negocio en América del Sur.