Es la Nueva Economía, idiota.

Empieza un nuevo curso, una nueva oportunidad para el cambio. En mi caso he decidido intentar ser algo más idiota, si eso es posible. A pesar de que hay que ser un iluso para no ver que el monstruo no ha desistido, que no se alejó dejando a su presa tranquila, que lo peor no ha pasado y que las heridas que hemos sufrido en la defensa de su primera agresión no tendrán tiempo de cicatrizar, he tomado la decisión de no darle importancia. A pesar de todo ello, me niego a hacer una lista de todo lo malo que se cierne sobre nuestras existencias de color rosa. Y me niego porque tras pasear por algún paseo marítimo de este país, uno comprueba que el que se preocupa es porque quiere. Los grandes datos, las cifras macroeconómicas en rojo sangre no son nada comparadas con una buena mariscada a crédito o una fiesta VIP de tres días financiada en doce cómodas cuotas. La verdad es que siendo idiota se vive mejor. Que lo malo llegará es evidente, pero mientras no llegué que me quiten lo bailao.
Voy a dejarme de preocupar de que el 86,75% del ahorro del Fondo de Reserva de la Seguridad Social esté invertida en papeles de Deuda Española. ¿Por qué voy a preocuparme? Digamos que eso es motivo de tranquilidad, quiere decir que el gobierno se fía de su capacidad para gestionarla. No vayan a ser mal pensados, agoreros o catastrofistas creyendo que es muy arriesgado que uno se juegue todas sus opciones en la misma tirada. Al fin y al cabo, ¿cuántas familias no han calzado sobre su hipoteca avalada por su vivienda, otro crédito al consumo sujetado por el contrapeso de la primera de las deudas? Que tire la primera piedra quien no haya hecho lo mismo que el gobierno. Si a la mayoría le ha ido bien, si son legión los requetehipotecados que siguen disfrutando de vacaciones de lujo riéndose como la cigarra, ¿porque no le va a ir igual al todopoderoso Estado?

Voy a dejar de preocuparme por los Ayuntamientos de este país, por si van a entrar en quiebra a puñados. Alguien lo pagará, ya veréis. No me preocuparé viendo que el consumo minorista cae, pues ya bajarán los precios y todo volverá a su cauce y esos que decían que “la deflación era algo muy malo” tendrán que comerse sus propias palabras con sobrasada mallorquina. No voy a preocuparme más por el paro. Seguramente la mayoría de los que están en paro encontrarán trabajo tarde o temprano. Además, hay un montón de ayudas para que eso no sea un trauma. Por ejemplo, la prórroga de los 400 euros es un acto de responsabilidad política que tranquiliza una barbaridad. Además, la nueva reforma laboral aventura que los parados son una especie que se extinguirá en breve. Ya lo veréis.

Preocuparse por la crisis sistémica es de tonto a las tres. ¿Desde cuando una crisis de tipo sistémico puede afectar a España? ¿No recuerdan cuando Zapatero (amigo íntimo e inseparable del otro gran enviado desde un Universo paralelo, un tal Barack) decía que eso que llamaban crisis en medio planeta aquí no dejaba de ser una “desaceleración” controlada? Pues eso, ahora tampoco va a ser para tanto. El mundo se arreglará y España no va a ser menos. Total, que cierren 1000 microempresas y PYMES al día desde principios de año es un saneamiento gradual de nuestro sistema económico. ¿Qué mejor?

Les aseguro que no pienso preocuparme por cosas sin importancia. Ahora lo que me va a ocupar es un esfuerzo integral en idiotizarme al máximo. Dejaré de leer el crecimiento negativo del PIB interanual contando desde hace un par o tres de años y lo empezaré a comparar con el inmediatamente anterior, así me engañaré profesionalmente y me parecerá que ya salimos de la recesión técnica. No volveré a pensar en crisis (última vez que pronuncio esta palabra que creo están pensando borrar de la Wikipedia) ni en que, ahora con la guerra sucia al déficit público, los ministerios van a generar una sequía inversora que seguramente provocará lo contrario a lo que esperan. Pensar que reducir inversión pública y aumentar impuestos va a generar que el déficit no decrezca sino todo lo contrario, es una indecente apuesta por ensuciar la democracia. Como yo soy demócrata no pienso llevarle la contraria al gobierno, ni a doña Elena, válgame Dios.

Aunque si me permiten un motivo más íntimo, más real y menos irónico, les diré que para poder enfrentarme al día a día como emprendedor o como gestor de empresas lo mejor es apartarse un poco de ese panorama. Dicen que emprender en este país es difícil, que es cosa de locos, pero también es obligatorio alejarse de la realidad durante ese proceso. Si bien se debe atender a las dificultades, los sueños deben buscarse independientemente de la mierda que tengamos alrededor. No obstante una cosa es obviar la realidad y pelearse con el escenario que nos ha tocado vivir y otra es negarla.

Acepto que ya no es necesario seguir anunciando el final del mundo. Ya no son cinco o seis los que cada día enumeran el sinfín de pruebas y elementos que así lo hacen ver. No parece necesario seguir insistiendo en todo ello. Pero, no obstante, me niego a olvidar los nombres y caras de sus responsables. Una cosa es obviar, otra negar. Que el territorio a cruzar es un barrizal está claro, que lo embarraron unos tipos en concreto también, que hay que prepararse para una segunda recesión es algo que ya descuentan hasta los que votarán a Trinidad Vacunas Jiménez.

A cambio, propongo hablar de la otra economía, la que ha venido a llamarse Nueva Economía. Para ello deberemos hacer cada semana un doble análisis. Por un lado interpretaremos algún dato de la economía tradicional y la enfrentaremos a las opciones que tenemos desde puntos de vista más innovadores. Una Nueva Economía basada en conceptos como la Economía Digital, los negocios sin ingresos, el consumo relacional, las energías sustitutivas, los patrones financieros del futuro, los nuevos espacios de inversión, los productos mejor capacitados según que países, la gestión económica en red y en lo social, la emprendeduría colectiva, la vinculación entre universidad y empresa,

El incendio no está extinguido, sólo parece controlado. Sin embargo parece que el viento volverá a soplar y en varias direcciones reactivando las llamas. Dependiendo de en que planta o estancia estemos del edificio, y antes de que colapse, deberemos buscar la salida de emergencia más cercana. Aquí intentaré aportar alguna para los que cada día se enfrentan a la dura empresa de abrir sus negocios, montar nuevos proyectos, internacionalizar sus ideas o buscar el escaso trabajo que existe.

Tal vez todo esto sea innecesario pues, como dicen, seguramente no hay de que preocuparse. ¿Verdad?

Artículo publicado en mi columna semanal de Cotizalia