La manipulación electoral

Permitidme que hoy recupere un artículo que escribí estos días de descanso. No es inédito, pero me gustaría darle una vuelta más a lo que se comentó en el medio que lo publiqué hace un mes. Habla de cloroformo, de idiotez generalizada y de parálisis social. Para empezar correctamente esta reentré es preciso que algunos textos que he ido componiendo estos días se propongan como punto de partida. El que hoy aporto comenzaba diciendo que “la mejor definición de idiota que conozco lo define como “miembro de una tribu enorme y poderosa que ha tenido una gran influencia en los acontecimientos de la historia más significativos”. Y seguía con:
El tiempo pasa y las soluciones se alejan. Los pactos de Estado, las iniciativas modernas y de vanguardia cada vez más perdidas en la bruma informativa. Tengo claro que esclerotizar a la sociedad es uno de los objetivos básicos de la clase política, y en gran medida, de esos otros ejercientes de politiqueros que son dirigentes sindicales y empresariales. Buscan entregar la dosis adecuada de cloroformo para que nadie se levante demasiado del sofá en el que vivimos “cómodamente”. Es mejor así, cada uno en su papel, para que pelearnos. Sino como se puede entender que durante todo el proceso en el que la crisis iba engordando, mientras gestaba la mayor subida impositiva que aun tenemos que vivir, mientras se diluían algunos de los derechos fundamentales, ni Dios cantara el “oh sole mio”.

¿Cómo se explica que a medida que se fabricaban parados a paladas, hasta llegar a los cinco millones, nadie hiciera nada? Unos por miedo al “que dirá de mí” (mi gobierno) y otros por el “que dirán de mí” (mis pilotos). La cuestión era retrasar el tema. Ahora la madera se ha podrido y no hay mucho que hacer, sólo esperar, ver como la economía entra en parada técnica y a sobrevivir.

Los negocios irán tirando, el low cost será el modelo productivo, pero ¿cómo se extirpa de una realidad social al 40% de sus jóvenes que no tienen manera de ocuparse? ¿Cómo se elimina de un tajo que la mitad de los estudiantes de este país acaben en fracaso escolar? ¿Cómo?

Pues muy fácil. Al estilo del viejo publicista Paul J. Goebbels. Un tipo delgado que tenía una pierna más larga que la otra, era un cojo completo. No se parecía en nada al arquetipo ario que el mismo obligaría a imprimir en millones de panfletos durante su mandato hitleriano. El bueno de Paul sufrió humillaciones de niño e incluso fue rechazado por el ejército para combatir en la Primera Gran Guerra. Pero a nivel intelectual era inteligente y cínico y tanto castigo le debió conceder la suficiente mala leche para ser como era.

En un manual Goebbels escribió: “No hay necesidad de dialogar con las masas, los slogans son mucho más efectivos. Actúan en las personas como lo hace el alcohol. La muchedumbre no reacciona como lo haría un hombre, sino como una mujer, sentimental en vez de inteligente. La propaganda es un arte, difícil pero noble, que requiere de genialidad para llevarla a cabo“. Que era un puto machista está claro, pero que el tipo sabía como darle la vuelta a los problemas también.

Demostró ser un maestro en eso de manipular la opinión pública. Cuando Alemania estaba a pocos días de caer bajo el peso del ejército aliado, inventó armas secretas y fortalezas impenetrables para que la gente, aún con una bayoneta entre pecho y espalda, siguiera creyendo en la gloria militar.

El primero de mayo de 1945, después de envenenar a sus seis hijos, Joseph Goebbels se pegó un tiro en la cabeza. Nadie le pudo recriminar su manera de manipular la realidad. Se había ido.

Para bien o para mal, la propaganda del Tercer Reich les enseñó a los políticos y agitadores del mundo que más vale una mentira creíble que una verdad inverosímil. La sociedad en la que vivimos ahora parece estar anestesiada y lo está porque en realidad no vive tan mal al fin y al cabo, y además la culpabilidad. Hay una sensación creciente de que nos merecemos lo que nos pasa. Que como hemos “estirado más la mano que la manga” ahora estamos como estamos.

La “verdad oficial” argumenta que la crisis es global, sistémica, financiera. Ahora lo es, pero hace 18 meses no lo era. El déficit público era algo que no se pudo evitar ya que teníamos que estimular la economía, y ahora eso, ¡claro! hay que pagarlo. Hace 18 meses no nos dijeron eso. Ahora los derechos pasan a ser, de nuevo, servicios, y como tal, los vamos retirando hasta nuevo aviso u orden. Eso, hace 18 meses era algo que si lo pronunciabas en esos términos eras un “antipatriota”.Uno se lee libros de historia sobre como digería el “diazepán social” todo un pueblo y lo ve tan actual e identificable que asusta.

P.D. Antes de que nadie diga nada, lo digo yo. Entre otras cosas, me dedico a la consultoría estratégica de comunicación electoral para partidos políticos y candidatos en entornos digitales, cierto. Lo hago desde hace muchos años, primero en Francia y luego aquí y en América. Ahora bien, nunca he aceptado nada que se enfrente a mis principios, ni trabajo con alguien que no acepte las críticas que pueda realizar durante esa acción concreta o cuya expectativa de mi trabajo sea el de “saber como manipular la opinión pública”, sino que lo que yo les exijo es la utilización de los modelos digitales para “estimular sus seguidores y activistas”. Es sencillo estar en paz con tus valores.