Emprender en Boston

Estos días estoy en Boston. He venido hasta aquí para poner en marcha una nueva compañía. Se llamará sit2sit como ya sabéis. Estructuralmente será una empresa de base tecnológica aunque también adoptará los modelos de gestión social vinculados al conocimiento aportado en comunidad. Todavía no podemos decir mucho pues, en gran medida, los acuerdos que estamos firmando estos días tienen mucho que ver con esa confidencialidad. Hemos venido a Massachusetts porque aquí está todo el talento en desarrollo que necesitamos.
Facebook nació aquí aunque acabara en California. Dicen que los proyectos se piensan en Boston y se desarrollan en Sillicon Valley. Lo desconozco pero lo que si sé es que esto es otro planeta. Las paredes de las decenas de universidades de esta ciudad están repletas de fotografías que pertenecen a Premios Nobel que, o bien estudiaron aquí, o bien están dando clases. Es brutal. Sin embargo lo mejor no es que se adapte un presupuesto interplanetario para todo esto, que también, sino que alrededor de la gestión educativa, que es completamente socializada por el ecosistema del conocimietno que se ha creado, nacen empresas dentro de las facultades. En base a eso, el MIT, por ejemplo, se dedica a integrar a sus mejores alumnos en proyectos de empresas como la que yo acabo de fundar junto a mi socio Ivan. Alguien, por cierto, que no tiene perfil en ninguna red social y que es un tipo excepcional, con energía e ideas brillantes.

Un nuevo reto, un nuevo salto que encaja con la estrategia personal que me propuse hace ya varios años y que en los útlimos tres he ido materializando. Depender lo mínimo posible de la economía española. Aunque no se hunda el país, nos van a crujir a impuestos a un nivel inimaginable. Mañana lo explicaré en Cotizalia y aquí por derivación. No estoy huyendo de España, por lo menos no en lo sustancial, pero os aseguro, como comentaré mañana, que la fase final, en lo que respecta a España y Europa, ya ha empezado a desencadenarse y no estoy dispuesto a vivirlo demasiado expuesto.

Como digo en uno de los capítulos finales de mi libro:

Tengo mil ideas, algunas son mías pero la mayoría me las han contado. Hay personas con ideas brillantes. Ideas, ideas e ideas. Ideas que nos deben llevar a pelear contra todo eso despropósito y esa parálisis, a buscar la oportunidad, a buscar valor, a diseñar modelos de negocio inexistentes, a versionar los que tenemos, a darle la vuelta a la caja y dejar que caiga lo ineficiente, a pactar con los socios, trabajadores, amigos, competencia, proveedores, universidades, administraciones, agentes, con quien sea para sobrevivir en este puñetero barrizal en el que se está convirtiendo emprender en España.

Como emprendedor que se juega su patrimonio cada cierto tiempo, llevo en crisis toda la vida. Lo he hecho sin quejarme como otros miles. Emprender es estar en crisis constantemente, pues cuando tienes algo, lo inviertes, cuando por fin un proyecto está maduro, generas otro.

Pero emprender no significa enmudecer. Bajo ningún concepto debemos callar, no aceptemos que nos condicionen las críticas y avisos sobre los responsables de una mala gestión. Para que un emprendedor se calle suelen acusarte de “catastrofista” o de ser “el quinto jinete de la Apocalipsis”. Eso es una trampa, un cepo de mal tertuliano. Justifica y ampara a los que debieron hacer algo y no lo hicieron, permite que la gente siga en la inopia empujados hacia una miserable oferta de recortes en las capacidades de cada uno de sentirse libre de decir lo que piensa. Como emprendedores debemos adoptar una actitud crítica y demoler esa barrera social, anestesiada, que se bebe el cloroformo para desayunar como si fuera un baso de leche caliente y responder con proyectos y con contundencia. Ponerse en marcha es el mejor mecanismo para responder a una estructura de poder diseñada para el silencio social.

Hay cuatro maneras de ver el vaso. Medio lleno si eres optimista, medio vacío si eres pesimista, medio vaso que sobra si eres un tipo racional y medio vaso por llenar si eres un emprendedor. La primera es la manera en como ven el recipiente algunos de los que están apunto de perder su trabajo o pagar más impuestos que nunca. La segunda forma es la de los que la situación les ha vencido ya. La tercera es la modalidad menos arriesgada y suele adoptarse por aquellos que se huelen que lo peor está por llegar. La última es la buena. Lo debemos llenar con agua de cualquier parte, pero el vaso tiene que rebosar de agua.

No dejaré de ser crítico, pero ahora me queda menos tiempo para evidenciarlo. El espacio en Europa se estrecha y mis proyectos actuales precisan que esté lo más despierto posible. Sit2Sit en Boston, Creative en Panamá y alguna cosa más que estoy montando en Latam, me ocuparán lo suficiente.